Cebos envenenados contra las termitas para salvar San Ginés

La lucha contra los insectos es la única fórmula viable para frenar el deterioro de retablos, el coro y la cubierta del templo.

La iglesia antigua de San Ginés, en Sanxenxo, es escenario de una guerra, oculta a los ojos de la inmensa mayoría de los vecinos. A la batalla contra el deterioro causado por el tiempo, habitual en edificios como este cinco veces centenario, se suma la lucha contra las termitas. A simple vista no se ve, pero los retablos están afectados –en algunas partes se caen a trozos-, y la acción de los isectos también amenaza la cubierta de madera, las escaleras y el coro. Esta semana operarios de Rentokil, empresa especializada en el combate a plagas y contratados por la parroquia sanxenxina, colocaron cebos envenenados en distintas partes del templo. Es un contraataque que esperan que sea definitivo y ponga fin a la destrucción de las piezas arquitectónicas y religiosas los próximos años.

Oscar Casamicha, técnico de Rentokil y responsable del programa, examinó con cuidado todo el edificio, buscando indicios sobre la actividad de estos insectos xilófagos. Determinados los puntos de paso de la plaga, llegó el turno de colocar los cebos SentriTech, diseñados para que las termitas caigan en la trampa. <<Se colocan los cebos en los elementos afectados de tal forma que las termitas acceden a los cebos y se llevan el veneno a la colonia bajo tierra, allí donde esté>>, indica. Es una forma eficaz de ir matando poco a poco estos animales hasta que la colonia se extinga y el entorno quede libre de estos molestos insectos.

Para detectar la presencia de las termitas, los técnicos utilizan, además de la inspección ocultar de las partes que no se exponen a los retablos, otros métodos como la punción de la madera y, con un sistema más sofisticado, un aparato a modo de radar que detecta los movimientos de los animales y permite determinar las rutas que emplean para desplazarse.

El tratamiento contra la plaga tendrá que aplicarse durante cinco años. Los primeros doce meses son los más importantes, porque en este período se espera poder acabar con el termitero.

Los siguientes cuatro años son de seguimiento del edificio, para asegurarse de que no aparecen más y que el operativo funciona. <<El primer año es clave, después hay que venir cada tres meses en el segundo y luego ya se hace de manera más espaciada>>, concluye este especialista.