Ventajas de una plaga (parte I) | Desinfestados

Ventajas de una plaga (parte I)

    

Si cogemos papel y lápiz y escribimos de memoria una lista de las plagas que nuestra memoria tenga a bien recordar, seguramente escribamos una lista de las más virulentas y famosas plagas que han asolado a la humanidad desde el origen de los tiempos. Por norma general esto lleva ligado, muerte, destrucción, desamparo y sobre todo un cambio… Los seres humanos somos muy reticentes al cambio. Cambios que por otro lado siempre se producen, queramos o no.  ¿Qué da más miedo?

La duda que siempre me ha asaltado es si cuando leemos o investigamos sobre este y cualquier otro tema, si tenemos todos los datos y si hacemos el análisis correcto, que nos ayude a determinar si los efectos han sido, en suma, beneficiosos o perjudiciales.

Para hacer esto, hay que eliminar muchos prejuicios, humanidad, y un esfuerzo considerable para abstraerse de las dolorosas consecuencias que en sus inicios y evolución tiene cualquier plaga… como por ejemplo “la peste bubónica”.

La peste negra asoló Europa en términos difíciles de asimilar para la sociedad moderna, como decía antes, desde un punto de vista humano fue una verdadera hecatombe. Con datos en la mano, estaríamos hablando en torno a un 40-60% de la población, es decir unos 25 millones de personas… teniendo en cuenta que ahora en Europa somos unos 740 millones de almas, es normal que se nos ponga la carne de gallina ante estas proporciones.

Pero ¿cómo pudo pasar esto?, ¿qué consecuencias tuvo? Y, sobre todo, ¿cómo nos ha afectado??

Cómo pudo pasar…

En los preliminares de la peste, la población tendía a concentrarse en núcleos urbanos, más que concentrarse, a apiñarse. Esta concentración, unos hábitos higiénicos inexistentes y estados o países sin esta sensibilidad, fueron acumulando todas las papeletas… además había una superpoblación en todas las grandes ciudades europeas, una población con origen en una explosión demográfica que estaba haciendo difícil su alimentación, y en todo caso la hacía muy pobre, pese a estar en su plenitud en cuanto a agricultura se refiere. Éramos muchos, no había comida suficiente para todos, esto unido a la tendencia de emigrar a grandes ciudades causaba aún más apiñamiento, y por consiguiente, basuras y excrementos que en realidad eran el paraíso para los vectores de contagio (ratas y pulgas). La tormenta perfecta, con todos sus ingredientes, actores y vectores perfectamente alineados y preparados para interactuar de forma coordinada, aunque ninguno lo sabía.

Y pasó…

La enfermedad, se cree que se originó en Asia y que poco a poco fue viajando por las rutas comerciales y vaivenes militares hasta que se extendió por todo el mundo, donde también atacó con virulencia. Centrándonos en Europa, la enfermedad comenzó como cualquier otra epidemia, cosa que por otra parte no era de extrañar y sucedía con cierta regularidad… nadie se sobresaltaría porque un barrio pobre sufriese algún tipo de infección… sin embargo esta siguió propagándose y dejando muy pocas victimas que pudieran decir que había sobrevivido.

El colapso, las dudas, las creencias…

El miedo es libre y contagioso, además en unas circunstancias tales como las de la peste, perfectamente justificable… si a esto lo aderezamos con profundas convicciones religiosas y temores divinos proliferados por cientos de organizaciones religiosas que ejercían un poder descomunal sobre la población, tenemos un resultado de pánico, de reflexión profunda sobre el papel del individuo y las consecuencias de lo divino… esto conduce al pánico y éste a estar abierto a cualquier solución posible, por poco racional que sea.

Nada peor que no saber, es no comprender las causas de esta plaga, por ello se culpó a los Judíos, por envenenar pozos, esparcir venenos por el aire y cualquier cosa que justificase por un lado la enfermedad y por otro que restara poder a otras religiones. En algunos sitios se culpó a los gatos y se los cuasi exterminó. La ropa y el textil, a base de observación, fue otro de los acusados, se quemaron las ropas de los muertos y se prohibió en algunos casos la industria textil, sin entrar en más profundidades, ya que las pulgas y el textil estaban íntimamente relacionadas.

La Iglesia aprovechó para acusar a la población de falta de fe. A una población temerosa, ansiosa por explicaciones de lo inexplicable… se pusieron en práctica infinidad de ritos para expiar pecados y deslices en la fe, a objeto de detener la plaga… no dio resultados, o por lo menos no los esperados.

[Continuará]

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