Uso del calor como método de desinsectación

    

Cuando hablamos de desinsectación en el ámbito laboral que nos ocupa, es decir las empresas de control de plagas, lo primero que se nos viene a la cabeza es el uso de biocidas o de distintos principios químicos destinados a eliminar insectos.

Pero esto no es más que una “deformación” profesional, pues existen otras técnicas que no necesariamente implican el uso de biocidas y que igualmente resultan eficaces aplicadas en el momento adecuado y de manera correcta.

Sin ser demasiado exhaustivos tenemos el uso del frío (congelación), radiación (microondas y otras radiaciones de distinto espectro), trampas diversas, uso de depredadores naturales, técnicas que implican alteraciones genéticas (machos estériles), etc

En los últimos años se está extendiendo el uso del calor como técnica de desinsectación debido, entre otras cosas, a la progresiva restricción de algunos principios químicos biocidas y a la necesidad de buscar alternativas a éstos. Por otro lado, estas restricciones conllevan en ocasiones un repunte de determinado tipo de plagas que tradicionalmente eran combatidas con estos biocidas (aunque también debe comentarse que esto no sucede debido a esta única causa, sino que se debe al sumatorio de un conjunto de circunstancias).

El uso del calor implica la utilización de equipos especiales que puedan generar energía calorífica suficiente y que a la vez se distribuya de manera homogénea por la zona a tratar, de tal forma que no se produzcan daños a los objetos o instalaciones tratadas. Normalmente se tratan de unidades térmicas eléctricas o que funcionan a base de biocombustibles y equipos ventiladores que distribuyan el calor por la instalación. Los equipos se completan con termostatos muy sensibles y sondas de monitorización de temperaturas para en todo momento saber la temperatura que se está alcanzando y así garantizar que no se producen daños no solo a la propiedad sino a las personas y al medio ambiente.

Teóricamente los ámbitos donde pueda ser aplicada esta técnica son muchos (hoteles, domicilios particulares, transportes públicos, industrias, maquinaria industrial, cámaras, naves, etc). Pero antes debe llevarse a cabo una cuidadosa evaluación de riesgos para garantizar que es viable y no se producirán los potenciales daños mencionados más arriba.

Técnicamente el calor se define como la transferencia de energía  térmica entre dos objetos y se suele medir por la diferencia de temperatura entre ambos. La transferencia de energía entre los dos objetos cesará cuando se igualen sus temperaturas, es decir cuando el más caliente transfiera al más frio parte de su energía térmica. Esta transferencia térmica se lleva a cabo básicamente por conducción y por convección.

Este principio físico, aplicado al tema que nos ocupa, conseguirá los siguientes efectos sobre los insectos (todas sus fases):

  • Destrucción de enzimas y otras proteínas (proceso denominado “desnaturalización”) y que es un daño irreversible a partir de determinada temperatura.
  • Desecación por la pérdida de agua y nutrientes (más acusada en aquellos insectos con exoesqueletos potentes y más evidente en aquellos otros que lo tienen más débil como son por ejemplo las polillas).

El uso del calor implica por tanto una serie de ventajas como son:

  • Restricción en el uso de biocidas
  • Destrucción de todas las fases vitales del insecto (huevos, larvas, pupas, ninfas, adultos)
  • No se precisa una desocupación de la zona tratada por largos periodos de tiempo (plazos de seguridad)
  • Alta eficacia si se lleva a cabo de manera correcta
  • Se puede “jugar” con los factores tiempo y temperatura combinándolos según nuestros intereses.

No obstante, la aplicación de esta técnica conlleva alguna desventaja con respecto a los métodos más tradicionales, como por ejemplo la nula “residualidad”, es decir, que el uso del calor no previene de una re-infestación una vez acabado el tratamiento. Por eso, es normal que esta técnica se use de manera complementaria a la aplicación muy localizada de productos químicos con efecto residual con el objeto de aumentar el porcentaje de éxito en el tratamiento.

En posteriores artículos se detallarán aplicaciones prácticas de esta técnica, especialmente contra Chinches de las Camas, una plaga emergente que es considerada como uno de las de más difícil solución en nuestros días.

Comentarios
  1. Belén
    • Jacinto

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