Una plaga devastadora para las palmeras | Desinfestados

Una plaga devastadora para las palmeras

    

Una vez más el picudo rojo le gana la batalla a las palmeras valencianas. En esta ocasión, el asunto no se ha quedado en palmerales susceptibles de sufrir esta temida plaga, necesitados de tratamientos preventivos; en Sagunto, el coleóptero de la familia Curculionidae  ha ido más allá. Llegado del Sureste asiático y la Polinesia y aclimatado sin problemas a las zonas templadas, el picudo ha llevado a la destrucción de 2.500 ejemplares de palmeras.

Las exigencias que la legislación contempla para el control de esta plaga, unido al coste de los tratamientos curativos y a la devastadora acción de este insecto de no más de cinco milímetros de longitud, han obligado a una empresa saguntina a eliminar palmeras con una veintena de años. Y es que el picudo rojo se ensaña con estos árboles, atacándolos hasta llevarlos a su la destrucción total.

El malvado picudo va dejando los huevos de sus hembras en la corona de las palmeras, donde las larvas que nacen y se desarrollan hasta completar el ciclo en la palmera siguen alimentándose del interior de estos árboles y terminan por destruir su yema terminal, arrastrándola a la muerte, cuando pasan a otra palmera sin siquiera mirar atrás. Una plaga devastadora, que actúa con mayor intensidad en primavera y verano, pero contra la que hay que luchar todo el año.

Además de las medidas preventivas que cualquiera que tenga palmeras, ya sean ayuntamientos, responsables de los jardines y paseos de su ciudad, o particulares, en cuyo jardín puedan disfrutar de la sombra y los dátiles de estos árboles, para ganarle la batalla al picudo rojo es necesaria una lucha integrada, continua y constante. El picudo no se pone colorado, no le da vergüenza insistir, y su perseverancia ha de ser erradicada de la misma forma, sin olvidar el peligro que supone este insecto ni un solo día del año.

Rentokil ha desarrollado un tratamiento teniendo en cuenta el ciclo biológico de la plaga, sin desdeñar un detalle de la personalidad de nuestro particular psicópata, en el que se combinan la detección y seguimiento con un tratamiento químico y/o biológico. El tratamiento para esta temible plaga va desde la monitorización y poda, teniendo en cuenta la debilidad del picudo por los ejemplares heridos, hasta la aplicación de sofisticados métodos, como la dendrocirugía y la endoterapia.

Que si el picudo es devastador y arrasa cual tsunami los palmerales a los que llega, Rentokil lo estudio, descubre su talón de Aquiles y sobre él ataca. Así, para que en nuestros parques y jardines siga habiendo bancos a la sombra de grandiosas palmeras, prevención, prevención y prevención. Algunas comunidades ya han puesto pie en pared y han publicado guías y normativas de actuación contra el picudo rojo. Que nadie al que casi no podamos ver nos estropee los jardines.