Un gusano de 3000 años (por lo menos) | Desinfestados

Un gusano de 3000 años (por lo menos)

    

Los gusanos de seda fueron origen de una de las materias primas más exóticas que hasta ahora conocemos: La seda. Origen de mitos, realidades y un sinfín de peripecias. Comencemos:

Nuestro gusano de seda tiene ilustres antecesores que ya por el siglo XXVII a.C. eran objeto de uso industrial en la confección de seda por el Imperio Chino. Curiosamente los chinos, dueños de esta tecnología, exportaban la seda ya hilada y confeccionada, sin revelar el secreto de su producción… por otra parte, este hecho no deja de ser paradójico, pues fueron el resto de naciones las más interesadas en copiar este producto. Los romanos estaban convencidos de que era extraída de alguna especie de árbol… Los emperadores chinos castigaban con la muerte a cualquier “desertor” que tuviese la ocurrencia de desvelar su principal secreto comercial, no en vano no existían las patentes.  A fuerza de insistir, espiar y robar, al final el secreto de los gusanos se extendió por otros países…

Esta truculenta historia tiene su siguiente parada en Bizancio, Imperio Romano de Oriente, donde llegan un par de gusanos y donde comienza una floreciente industria que se va enriqueciendo con procesos textiles orientales… si a esta coctelera le añadimos guerras, invasiones, cruzadas, religión, migraciones y un sinfín de vaivenes sociales… nos sale un nuevo y floreciente sector de gran calidad e independiente de antaño, monopolio Asiático.

Ya completamente diseminada la técnica por toda Europa, fundamentalmente por la rápidas y competitivas ciudades – estado italianas y, habiendo bebido de las mejores técnicas bizantinas, egipcias, árabes…etc. Es en Francia donde, por orden Real, se disponen a crear un sector industrial basado en la seda que evite la sangría en su balanza exterior (de 400 a 500 mil escudos de oro, de los del siglo XV)… por ello la industria francesa comienza su andadura en la producción de la seda en Europa, convirtiéndose con el paso de los años en el mayor productor de seda del continente.

El sector de la seda en Francia crecerá al auspicio de un monopolio real concedido a la ciudad de Lyon que ya en el siglo XVII será la ciudad de la seda por excelencia, se dice que poseía más de 14.000 telares y más del 35% de la población estaba trabajando en el sector. Y por supuesto más de 500 mil escudos de oro que ya no son dilapidados en el exterior, sino invertidos en el tejido industrial nacional, creando trabajo, beneficios, grandes ingresos al Estado y por supuesto menos revueltas. Todos contentos.

Por supuesto toda esta industria debía de ser sustentada por:

Primero, el principal protagonista, “el gusano de seda” o “Bombyx mori” el responsable de producir la seda en su proceso vital.

Y segundo; su principal y único sustento, el Morus alba, o la morera, era tan valorado por los lugareños que lo llamaban familiarmente como “árbol del oro”. Quien haya tenido gusanos de seda en casa sabe de su voracidad y lo que es tener que encontrar y recolectar las hojas de morera.

Bien, hasta aquí van confluyendo todos los elementos de la tormenta perfecta que se  han ido concentrando en el sur de Francia. Es decir, una población que basa más de 1/3 de su economía en la producción y venta de la seda, una industria que ha invertido en la maquinaria necesaria para disponer de la materia prima en grandes cantidades, un sistema de cría y reproducción de los “gusanitos de seda” y una buena plantación de Moreras, listas para alimentar a esta maquinaria y, un mercado muy amplio donde vender el resultado.

Sin embargo, por el año 1845 aparecen las primeras enfermedades, llamadas a ser plagas, que atacarán a nuestro gusanito de seda. Adicionalmente se unieron otras enfermedades que atacaban las moreras… esta conjunción hizo que saltase la alarma ante el peligro que se cernía sobre el sector. Es por ello por lo que el Ministerio de Agricultura Francés, encabezado por Jean-Baptiste Dumas, decide tomar cartas en el asunto y enviar a un tal Louis Pasteur a ver si podría aportar algo y en el mejor de los casos poner coto a una inminente crisis económica y social en la zona.

En estas circunstancias y con la pequeña presión que supone plantarse en un sitio donde el modo de vida de la gente depende de los gusanitos, gravemente amenazados, donde el estado se beneficia de ello, donde no tienes ni idea de gusanos… vamos el tipo de destino deseado por cualquiera… ahí fue a parar Louis Pasteur, listo para atajar una plaga / epidemia que amenazaba el moyens d’existence de esta región francesa. Afortunadamente Pasteur además de su genialidad, utilizó un método científico para el estudio de la plaga, eso sí generando un considerable número de teorías y cantidad de experimentos que poco a poco fueron centrando la investigación.

Los gusanos afectados tenían unas manchas negras muy pequeñas y unos glóbulos en su interior. Enseguida determinó (a pesar del ciclo de vida de los gusanos) que los huevos puestos por los gusanos afectados, también lo estaban. Supuso que era hereditario. El siguiente paso, saber si era contagioso. Dispuso a gusanos sanos sobre hojas que habían sido “manchadas” por gusanos enfermos, y estos se contagiaron. Sin embargo estos gusanos murieron en 62 horas, sin motas negras… esto descolocó a Pasteur. Afortunadamente comentó la jugada con un amigo que realizó un experimento similar… con mayor escrúpulo científico, lo cual le dio la pauta para entender que realmente se estaban enfrentando a un “parásito” que terminaba matando al huésped.

Pasarían unos meses hasta que Pasteur repitiese el proceso de ensayo y certificase que las manchas y sobre todo los glóbulos no eran un síntoma, sino la propia enfermedad. Dicha información se transmitió a los “sericultores” que tuvieron que aprender a usar el microscopio para seleccionar a los gusanos sanos de los que no.

Se había salvado la industria. Y se había demostrado que el control de plagas debe ser un proceso científico que determine el origen.

¿Y qué fue de nuestros gusanitos…? Nada bueno, en Europa se estaba produciendo una fuerte industrialización de todos los sectores, de los que la seda participará pero en menor medida, lo que es directamente proporcional al aumento de sus costes, y por lo tanto a la pérdida de competitividad.

Hay que añadir la vuelta al negocio de los productores asiáticos, con unos precios realmente rompedores (toda la seda a 100) y la apertura del “canal de Suez”, hacen cada vez más difícil enfrentar la crisis.

La industrialización además traerá nuevos materiales que añadirán competencia a un mercado, que para colmo, se contraerá gracias a la “gran depresión” otra de esas crisis que nos han asolado (o quizá la primera), que por supuesto también afectó a la seda.

En fin, los nuevos materiales, como la seda artificial, el nylon, etc. Redujeron el cultivo de gusanos de seda de forma notable. A día de hoy, solo países como India o Japón son realmente productores de seda natural de forma importante.

Comentarios
  1. Jacinto

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