¡Tengo carcomas en mi mesilla!

    

A mi mujer le gustan los bichitos, en especial todo tipo de escarabajos y en la medida de lo posible trata de no eliminarlos sin ton ni son; no es que sea jainista pero le gustaría vivir en armonía con todo tipo de bicho viviente (menos con algunos indeseables de 2 patas). Hacía ya unos años que vivamos juntos y todas las primaveras, cuando yo llegaba a casa por la tarde (todavía no trabajaba en Rentokil) me enseñaba unos diminutos escarabajitos de color marrón, más bien peluditos y con una especie de capuchón de fraile que les cubría la cabeza. La escena era, mas o menos la misma, se lo ponía encima de la palma de la mano, exclamaba “¡mira que monada!”, yo asentía y acto seguido los depositaba con mucho cuidado en el alféizar de la ventana, “es que vuelan, ¿sabes?”, y yo con cierto disimulo les daba una suavecita toba para comprobar que efectivamente volaban y se alejaban de nuestra habitación. Vivimos en una zona con muchos jardines y en nuestra ignorancia pensábamos que se trataría de algún escarabajo de las plantas o algo así.

Sucedió a la primavera siguiente de empezar a trabajar en Rentokil, la escena se repitió. Y al depositar al tierno escarabajito en su palma mis ojos ya no eran los de antes. Inmediatamente visualicé una enorme diapositiva que Mª José García Amador me había mostrado en el Curso Técnico Inicial y lo identifiqué sin el menor género de dudas con un Anobium punctatum. Nines, exclamé, ¡tenemos carcomas en casa!
Como los bichitos, que ya tenían nombre, los encontraba habitualmente en nuestra habitación comencé la inspección por los muebles de esa estancia y después de un rato localicé el foco principal en la trasera y el cajón de mi mesilla, y un ataque más leve en un par de travesaños de la cama y en la cómoda.

Con toda esa información pedí a mis compis de servicios que me dieran un poco del producto que en aquellos años utilizábamos y me apliqué concienzudamente a brochear todas las maderas atacadas y de forma preventiva el resto. Los focos de la cama y la cómoda se controlaron fácilmente, pero a la primavera siguiente mi mesilla seguía dando síntomas de infestación. En aquel momento ya estaba muy implicado en el proyecto de Santa Cruz (¿recordáis?) por lo que estaba muy empollado en temas de madera y sabía que la penetración de aquellos insecticidas (todavía no se llamaban biocidas) estaba muy limitada en superficies con capa gruesa de barniz. La solución estaba en la fumigación, pero claro no podía pedir que me hicieran una burbuja de fosfina para mi mesilla.

Poco tiempo después, en 1992 o así, empezamos a hablar en Rentokil de una nueva técnica de tratamientos con gases inertes, extremadamente segura, fiable y que además no suponía ningún riesgo para los objetos tratados. La investigación la estaba desarollando nuestro Director Técnico del grupo, Colin Smith y colaboraba con distintos organismos como la Fundación Paul Guetty, en cuyo foro coincidió con una investigadora española, Nieves Valentín, que ya llevaba algún tiempo trabajando con los gases inertes, en una técnica denominada Tecnología de Atmósfera Controlada (CAT por sus siglas en inglés). La técnica básicamente consiste es sustituir el oxígeno de un determinado espacio por un gas inerte, en concreto Nitrógeno; de esta forma se consigue eliminar a los insectos expuestos a esta atmósfera por anoxia, en cristiano, por falta de oxígeno.

La investigación se desarrollaba en distintos frentes, por un lado había que disponer de un material para las cubiertas de la burbuja que retuviera el nitrógeno en su interior y que al mismo tiempo fuera “impermeable” a la penetración de oxígeno, también había que determinar cuál era la concentración máxima de oxígeno que se podía permitir para que la anoxia comenzará a funcionar; y una vez conseguido esto cuánto sería el tiempo mínimo al que había que exponer a esta atmósfera a los insectos para garantizar su completa eliminación en todas sus fases (de huevo a adulto). Factores externos como la temperatura y la humedad relativa también influyen en el proceso total.

Nieves y su equipo ya tenían muy desarrollada esta técnica y aunque había muchas discusiones en cuanto al tiempo de exposición, realizaban con éxito ensayos con pequeñas bolsas plásticas. Nuestro reto como compañía consistía en poder aplicar esta tecnología a grandes “burbujas” para poder tratar con seguridad objetos de gran tamaño o muchos al mismo tiempo. Disponíamos de las burbujas que empleábamos con gases tóxicos de distintos tamaños y decidimos utilizar en el ensayo la más pequeña, una que llamábamos “baby buble” de unos 3 metros cúbicos…… y ¿a que no adivináis que “objeto” infestado con carcomas decidimos utilizar? ¡EFECTIVAMENTE! mi mesilla. Así que trasladamos los materiales al ICRBC (ahora se llama Instituto del Patrimonio Español) y sometimos a mi mesilla y a sus carcomas a la Técnologia de Atmosfera Controlada. El tratamiento fue un éxito y mi mesilla se vio al fin libre de anóbidos. Eso si, Nines sigue echando de menos esos pequeños escarabajitos que todas las primaveras aparecían en nuestra habitación.

Comentarios
  1. Belén
    • Jacinto
  2. Ana Carmen

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