Primeros encuentros | Desinfestados

Primeros encuentros

    

Ratón de campo | DesinfestadosLa época de la niñez es, sin duda, la de los mayores descubrimientos. A pesar de que durante toda nuestra vida continuamos formándonos y aprendiendo cada vez más gracias a la experiencia, la curiosidad y nuestra relación con los demás, es en la etapa de niños cuando nos sorprendemos más por cada descubrimiento. El porqué no todos los negocios similares a los de tus padres pertenecen a ellos, la subida y bajada de las mareas,… y por qué no, los primeros encuentros con los insectos y roedores.

Aún recuerdo perfectamente cuándo fue la primera vez que vi un ratón. Tendría apenas unos cinco o seis años y, aunque haya crecido en un entorno rural, nunca había sido consciente de la presencia de estos pequeños seres más allá de algún que otro hámster de los amigos. Fue un intrépido y pequeño ratón de campo, de unos 10 centímetros (aunque puede llegar hasta algo más de los 16) que se quedó inmóvil prácticamente al notar mi presencia.

Acostumbraba a acudir al campo familiar a jugar, echar un día de fin de semana y encontrarme con los primos y amigos de la edad similar. Las cocheras escondían algún que otro trasto que no tenía cabida en las casas. Viejos aparatos electrónicos, herramientas, alguna que otra motocicleta algo oxidada y un fuerte olor a gasoil que lo invadía todo. Pero también había algún que otro saco de semillas. Y allí se encontraba nuestro aventurero.

Cual pequeño animal, el ratón de campo había salido de su madriguera en los campos húmedos y zonas cubiertas por densas plantas y, de alguna u otra manera, había llegado hasta las cocheras atraído por la llamada de las semillas. Un roedor fácilmente identificable por sus pequeñas patas y rabo corto, junto a un pelaje amarronado que se vuelve a gris durante el invierno. Y que no solamente cambia de color en función de la temporada, sino también de hábitos, ya que a pesar de ser visibles durante todo el año, en invierno realiza exploraciones nocturnas, y viceversa en pleno invierno.

Sin embargo, a pesar de saber camuflarse bien entre la tierra y los matorrales, su rapidez para huir y su inteligencia, este pequeño roedor es presa de depredadores que acortan su esperanza de vida. Eso sí, en cautividad y según las zonas que habiten, pueden llegar a vivir varios años alimentándose también de hierba y cortezas de árbol, creando algún que otro quebradero de cabeza para los agricultores.

Y tú, ¿recuerdas cuándo fue la primera vez que conociste a un roedor?

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