Nuestro equipo, luchando contra las termitas de La Redonda

    

Fachada de santa maría de la redonda, LogroñoNo nos cansamos de decirlo en nuestras publicaciones: la mejor forma de hacer frente a los xilófagos es apostar por la prevención ante todo. En caso de no ser posible, es primordial que exista una detección a tiempo que permita poner freno a la plaga antes de que sea demasiado tarde. Y este es el caso de uno de los últimos proyectos en los que el equipo de Rentokil está trabajando: la Concatedral de Santa María de la Redonda de Logroño.

Este monumento histórico, de estilo barroco y alzado en el siglo XV, ha sufrido numerosas modificaciones a lo largo de los años, principalmente en las modificaciones estructurales al que fue sometido durante los siglos XVI, XVII y XVIII, fecha de las que datan los retablos que contiene. Retablos, tarimas y sillerías que, a pesar de haber sido cuidados con el máximo esmero, se han visto afectados por la invasión de una plaga de termitas.

La cercanía del templo con el río Ebro y su levantamiento en una zona pantanosa ha provocado que las termitas se propaguen con mayor fuerza que en otros lugares, poniendo en peligro las múltiples obras artísticas que alberga. Entre ellas, nos encontramos un cuadro al óleo de la escuela de Miguel Ángel sobre tablas de madera situadas en los retablos afectados, así como varias tablas flamencas de Gillis de Coingnet del siglo XVI, todas ellas susceptibles de haber sido atacadas por los insectos de la madera.

Tras el análisis de las estructuras de madera que contiene el templo y la localización de los principales focos infectados, el equipo de Rentokil ha instalado varios cebos sentri-tech para atrapar a las termitas y conseguir erradicar la plaga antes de que sea demasiado tarde. El funcionamiento de este sistema es bastante sencillo, la termita se alimenta del compuesto que hay en el cebo y que impide el desarrollo de los insectos, provocando la eliminación progresiva de todas ellas.

Aunque los daños causados hasta la fecha no son graves, sí que han afectado a elementos importantes del retablo mayor, puertas de acceso y capillas cercanas al retablo. El hallazgo a tiempo de unos pequeños orificios en la sillería con restos de serrín fueron claves para el descubrimiento de un mal que, a simple vista, no suele apreciarse fácilmente.