Museo de Santa Cruz. Trabajos con mucha Historia. | Desinfestados

Museo de Santa Cruz. Trabajos con mucha Historia.

    

Una de las ventajas de llevar 22 años trabajando en Rentokil es que guardo una gran cantidad de experiencias y que con este blog puedo compartir con un montón de vosotros.

El museo de Santa Cruz en Toledo es un edificio soberbio de finales del siglo XV, obra maestra del Renacimiento en el que destaca su portada y la escalera del claustro obra de Covarrubias. Por si fuera poco, el museo, alberga una colección de las que quitan el hipo.

Con motivo de los fastos de 1992 el museo sería uno de los epicentros del 500 aniversario y por ello el Ministerio de Cultura necesitaba acometer unas necesarias obras de reforma; así que con estas premisas, a principios de 1990  recibimos el encargo de realizar un diagnóstico completo de la situación de las maderas estructurales y decorativas, y de todos los fondos del museo desde el punto de vista de control de plagas.

Un poco sin buscarlo y un mucho “porque confiamos en ti, majete” me encontré realizando la primera inspección en plan avanzadilla. Evidentemente cuando vi in situ la magnitud del proyecto involucré a toda nuestra organización.

Las inspecciones fueron largas y exhaustivas, realizamos un inventario completo y detallado de la situación de todos los fondos: maravillosos bargueños medievales, columnas salomónicas, esculturas románicas, artesonados múdejares y renacentistas, vigas, tirantes…… y todo ello bajo la atenta mirada de los Greco, Giordano o De Rivera que colgaban de sus paredes. Jamás pensé que tendría la oportunidad de contemplar de forma tan minuciosa tal cantidad de obras de arte.

También con este trabajo tuve la oportunidad de conocer a Nieves Valentín, bióloga de reconocida fama internacional, del antiguo Instituto de Conservación y Restauración de Bienes Culturales del Ministerio de Cultura, de la que pude aprender su pasión por la preservación de nuestro patrimonio. Pero de Nieves os hablaré en otro momento, a propósito de nuestros primeros escarceos con la tecnología de atmósfera controlada.

Finalmente el Ministerio nos adjudicó la realización de los tratamientos, trabajo que se prolongó durante varios meses y en los que empleamos todas las distintas tecnologías disponibles en aquellos años, incluidas varias burbujas de Fosfina y Bromuro de Metilo.

Quizás de todo aquel trabajo mantengo muy vívido en mi memoria el recuerdo del día previo al inicio de nuestros trabajos. Para poder realizar los tratamientos en los artesonados y tirantes de las cuatro naves del crucero del Museo teníamos que montar un gran andamio móvil, además los cuadros y tapices que cubrían sus paredes tenían que ser desmontados o protegidos para evitar el contacto o cualquier derrame accidental de los insecticidas que íbamos a inyectar y pulverizar, por lo que el Ministerio contrató  a una compañía experta en traslados y manipulación de obras de arte a fin de ir vaciando las naves para que pudiéramos realizar el tratamiento sin ningún tipo de riesgo para las obras de arte. El momento que recuerdo y que compartí con María José García Amador, fue el encontrarnos de pronto y prácticamente a solas,  con todos los cuadros (¿os acordáis?, eran obras de El Greco, Giordano y de Rivera) descolgados de las paredes y apoyados en el suelo y poder contemplarlos a una distancia cortísima; siendo conscientes de que esa era una oportunidad única y que se estaba produciendo porque íbamos a iniciar uno de nuestros más importantes tratamientos.

El trabajo se prolongó durante varios meses, y los que me conocéis bien, comprenderéis perfectamente el orgullo que sentí al sentirme partícipe de la importante labor de conservación de nuestro patrimonio que Rentokil, mi compañía, estaba acometiendo en ese momento.