Martes y trece

    

Martes y trece | Desinfestados |  RentokilDespertarse con ganas de querer comerse el mundo no tiene precio, como en el anuncio de cierta tarjeta de crédito.

Hoy tenía “la entrevista definitiva”, esa en la que te dicen si van a firmarte un contrato de 9000 euros o si por el contrario vas a sumirte en la mayor decepción de la semana. Pero al destino le gusta jugar a un juego que se llama compliquémosle el día a Pablo.

El caso es que ya en la ducha el día me ha avisado pero uno no hace caso de supersticiones y pese a que casi se me cae en el pie el cacharro (o apechusque, según región) donde colocamos los champús y el gel, yo he seguido con mi día como si nada, porque como diría mi padre “de los cobardes no hay nada escrito” aunque bien es sabido también que de valientes están los cementerios llenos.

Total que ahí estaba yo, bien vestido con mi camisa de marca, mis pantalones modernos y mis zapatos caros, dispuesto a ir a la oficina a imprimir un presupuesto, hacer un par de llamadas e irme a visitar clientes.

Hoy voy a firmar ese contrato, o sacaré en claro que me tienen que firmar, iba yo pensando en el coche y vaya por dios… Han cambiado de dirección una calle cercana a la oficina porque están de obras y tienes que desviarte y salir a la calle de atrás de la oficina pero ésta da a un acceso a la autovía que suelo usar para salir de la oficina y antes de darme cuenta ya me había equivocado.

OUCH!

Bueno pues nada, empiezo a reírme de mi torpeza y me dispongo a dar la vuelta al barrio, esa maniobra me lleva cinco preciados minutos ya que hay tráfico. Llego finalmente a la oficina, maniobra marcha atrás para meterme en la zona de aparcamiento de nuestras preciadas instalaciones.

En la última visita de ayer por la tarde estuve viendo el PestNetOnline con un cliente y cuando llegué al coche no dejé el portátil en su bolsa si no que lo metí debajo del asiento del copiloto del coche, así que cojo el portátil con la mano derecha, su bolsa y mi carpeta con la izquierda y voy en dirección a la puerta de la oficina (mysecondhouse) pero otra vez mi suerte me la juega.

Noto como se me empieza a caer la carpeta de la mano izquierda e intento rectificarlo haciendo un movimiento de muñeca casi imposible pero toda mi documentación junta en forma de carpeta negra comienza a obtener une velocidad endiablada y es aquí cuando mi mente decide actuar como todo ser humano al que se le cae algo: poner el pie debajo. Pero la inercia de mis piernas es demasiada, creo que no ha sido una gran idea y ocurre… Me hago yo mismo la zancadilla en una posición cómica propia de Pepe Villuela y me precipito hacia la pared de mi derecha, oh! Cielos! En esa mano tengo el portátil y no puedo soltarlo así que lo noto, todo mi peso, mi poco peso golpea la pared con la mano derecha y se me abre soltando el portátil y dejándolo volar libre.

Un dolor atroz me recorre el espinazo cuando noto como todos y cada uno de mis nudillos se desgarran contra la pared y caigo finalmente al suelo mirando las vueltas de campana que sigue dando el portátil.

Como cualquiera en mi situación me levanto mirando a todas partes por si alguien me ha visto, no hay nadie, nadie comparte mi dolor ni puede reírse de mi así que me levanto y voy directo al portátil, es lo único que pienso, que no se haya roto, que funcione, ¿Por qué a mi?, llevo semanas pensando en que debería tener una copia de seguridad de mi ordenador y no quiero perder todo el trabajo acumulado de cinco años.

Cojo el portátil y voy directo a la mesa donde suelo sentarme, saco de la bolsa todos los cables y lo enciendo parece que responde pero la pantalla no funciona cuando me miro a la mano, me sangra en abundancia. ¿Mano o portátil, de que me preocupo primero? Miro una cosa y otra durante unos segundos pero al final la razón se impone.

Subo al piso de arriba en la oficina y comunico el pésimo estado de mi mano y la desastrosa situación de mi portátil. Me arreglan la mano, el día tiene que continuar.

Tras dos intentos fallidos de reparación del display y un buen rato intentando cortar la hemorragia llamo al cliente de la visita importante, inevitablemente voy a llegar tarde así que me excuso por teléfono pero recibo malas noticias del jefe de calidad de dicha empresa.

  • Pablo si quieres venir estaré encantado de invitarte a un café pero el director me ha dicho que no se decide, que no lo ve claro.
  • Pero si es una oferta más completa que lo que tenéis y he reducido lo que pagáis (respondo).
  • Ya lo sé, yo tampoco me lo explico chico, y además vais a hacer mejor el trabajo y con más aptitudes pero… el director decide.

En fin, al final cuelgo, mal rollo, esto no estaba previsto, el jefe de calidad me decía que me firmaría seguro si fuera él pero bueno.

Siguiente turno, voy a llamar a otro cliente del que espero firmar un trabajo especial de fumigación pero algo me ha rodeado y me llega ese hedor a fracaso. ¿Cómo? Pero si estaba claro que querías hacerlo, me dijisteis que habíais preparado en el presupuesto de este año una cantidad para fumigar. ¿Qué? Que es un pueblo pequeño y si hacéis la fumigación todos se van a enterar, no lo entiendo, será mejor que sepa todo el mundo que combatís las plagas, el hacer tratamientos también puede ser por prevención…

Nada, otro presupuesto que se cae de la lista, no me lo puedo creer ¿pero qué pasa hoy?

Suena el teléfono y atiendo la llamada:

  • Hola cariño
  • Hola guapo ¿Qué tal va el martes y trece?
  • ¿Cómo?
  • Si es martes y trece, ¿cómo va tu suerte?

Ahí me he parado a pensar, de verdad existen los días en los que todo se tuerce y la casualidad de que haya sido en martes y trece supongo que da mal rollo pero bueno. No creo en las supersticiones, si veo un gato negro me río, paso por debajo de una escalera sin problemas, tengo ropa de color amarillo y si tiro la sal la recojo y punto.

PD: al llegar a casa se me han caído las llaves en un desagüe y he manchado mi camisa de marca.