Los Mursi y las moscas Tsé-Tsé | Desinfestados

Los Mursi y las moscas Tsé-Tsé

    

Odio a las moscas, de todas las plagas que controlamos en Rentokil son las que más asco me dan. En un artículo anterior hablé de mi experiencia con las pulgas en Lalibela (Etiopía). Siguiendo con ese viaje y después de abandonar el norte del país, nos dirigimos al sur, para adentrarnos en la región de las tribus. Fue como un viaje en el tiempo y de pronto nos encontramos en mitad del Paleolítico, en el que algunas de sus tribus todavía son recolectoras o con una agricultura muy poco desarrollada.

Uno de los hitos que queríamos cubrir era llegar hasta la tribu de los Mursi, muy adentrados en el parque nacional del río Omo. Seguro que los habéis visto en un montón de documentales ya que sus mujeres “adornan” sus cuerpos incrustandose platos de arcilla en los labios y las orejas. Cuanto más grande es el plato más hermosa  y mas caché tiene la fémina. (En fin, cuestión de gustos).

El aspecto de los Mursi es un tanto amenazador y a diferencia de otras tribus de la zona son muy poco sociables, da pena pensar que para lo único que les ha servido el contacto con “la civilización” (el entrecomillado tiene muy mala leche) ha sido para cambiar sus ancestrales lanzas por modernos AK-47. Pues, eso, cosas de la civilización. Cuando llegas a sus poblados tienes que iniciar una agria y dura negociación acerca del precio que tienes que pagar por hacer cada foto y lo lamentable es que el dinero no va destinado a comprar grano o una vaca, está destinado a comprar balas para los kalasnikov.

Llegar hasta ellos suponía hacer unas cuantas etapas de acampada y adentrarse en un territorio colonizado por las moscas Tsé-Tsé (de ahí el inicio de mi artículo) ya sabía que no todas son portadoras del Trypanosoma Brucei, el patógeno que causa la enfermedad del sueño, pero no dejaba de ser un cálculo de probabilidades. Así que ya podéis imaginaros, entre el asco que me dan las moscas y la posibilidad de que me picara una, el panorama no era muy alentador.

Recibimos múltiples consejos para evitar su picadura, para que os hagáis una idea, las moscas Tsé-Tsé son como enormes tábanos y aunque no te contagien la enfermedad del sueño, sus picaduras son muy dolorosas. Entre las recomendaciones estaban las de llevar siempre las ventanillas del coche cerradas, y diréis, “no es tanto problema, vas con el aire acondicionado y punto”, ¡pues no!, ya que al circular por pistas y por sitios que ni si quiera se pueden llamar pistas, los todoterreno necesitan de toda su potencia y el aire acondicionado es un lujo necesariamente prescindible. Otra recomendación básica es no llevar ni un centímetro de piel al descubierto e incluso en algunas zonas recomendaban protegerse la cara con mallas mosquiteras. Así que el panorama era alentador: África, en coche sin aire acondicionado y bien tapadito……..y en pleno verano!

En una de estas etapas cometí una de mis mayores imprudencias como viajero: una noche, después de montar el campamento y empezar a preparar la cena, nos dimos una ducha (vamos a ver, la ducha era una bolsa de plástico con una manguera terminada en alcachofa y colgada de un árbol). No os quiero decir lo bien que me sentó, así que en plena euforia en lugar de volverme a vestir del todo, me quedé en pantalones cortos y con el torso desnudo me tumbé en una colchoneta a disfrutar del cielo de la noche africana. Mis compañeros de viaje me echaron una bronca descomunal, pero yo, que de vez en cuando soy un poco tozudo, me negué a vestirme y así estuve toda la cena. No me picó ninguna mosca (ni otros bichos), pero a la mañana siguiente a uno nuestros chóferes tuvimos que curarle unas cuantas picaduras en la espalda, él también cenó con el torso desnudo.

Nota.- No os penséis que soy un viajero blandito es que había que darle cierto humor al relato.

Comentarios
  1. Pablo jaén
  2. Belén

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