Los hongos de pudrición no me dejan dormir | Desinfestados

Los hongos de pudrición no me dejan dormir

    

Lo confieso, soy un impulsivo recolector de libros, revistas, catálogos y manuales de todo el siglo XX. Un empedernido coleccionista amante de los mercadillos de segunda mano y las librerías de antiguo. El olor a papel viejo, las encuadernaciones, las ilustraciones y fotografías y, las historias que albergan las novelas y la publicidad de las revistas me hacen perder prácticamente el conocimiento. Pero, lejos de los que mucho puedan pensar, no tengo el Síndrome de Diógenes (aún), aunque a este paso puede que me licencie pronto.

Una de los primeros rituales al incorporar una nueva obra es limpiarla bien, eliminando cualquier resto de polvo, mancha y, para aquellos papeles más delicados, los atesoro dentro un plástico debidamente cerrado. Pienso que así quedará preservado de cualquier insecto o roedor con ansias de comida clásica.

Y, aunque viva en una zona con riesgo de termitas y alguna que otra presencia de ratones, pongo el máximo cuidado para estar alerta ante cualquier posible riesgo de llegada de un ser no deseado. Puertas y ventanas del edificio son una mina demasiado atractiva para los insectos de la madera y, termino pensando que estos pequeños xilófagos pueden venir acompañados de amiguitos amantes también del coleccionismo de papel (pero para comérselo). Además, cualquier recóndito hueco es puerta de entrada a ratones de campo que merodean la zona.

El problema es que no vienen solos y es cuando entra en juego la prevención de plagas. Y es que también existen hongos de pudrición (xilófagos también) que se esparcen con la germinación de las esporas y que fácilmente caen sobre la madera. Unas inocentes esporas con un poder catastrófico para cualquier viga u obra de madera, ya que las hifas atraviesan sutilmente la madera a través de sus orificios naturales. Una vez que se han adentrado, comienza la destrucción bioquímica mientras se va descomponiendo progresivamente todos los constituyentes de la madera dejándola prácticamente desecha.

Un día, en busca de tesoros guardados desde hace años y algo olvidados en el trastero, me encuentro con los libros roídos, con catálogos que se me deshacen literalmente en las manos y un fuerte olor a humedad y algo parecido al amoniaco. Ya están aquí. La humedad, los insectos y los ratones se han adueñado de mi tesoro más preciado. Grito mirando al cielo pidiendo una explicación. Grito para liberar mi rabia e indignación. Y grito tan fuerte que termino despertándome.

La fotografía que acompaña a este artículo pertenece a Zafio y está compartida bajo licencia Creative Commons.

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