Las ratas también se equivocan, y lo saben | Desinfestados

Las ratas también se equivocan, y lo saben

    

Las ratas también se equivocanUno de los apartados de la Ley de Murphy afirma que si vas por un carril y el paralelo avanza más rápido, en el momento de cambiarte, será el tuyo el que nuevamente se quede rezagado. De la misma forma que, siguiendo con las leyes, refranes y saberes populares, confirmamos que el “hombre es el único animal que tropieza dos veces en la misma piedra”. Y luego, se arrepiente.

La capacidad de arrepentimiento nos permite aprender de nuestros errores y reconocer nuestra culpabilidad en los fallos cometidos, aunque parezca que hay una extraña estirpe que parezca no arrepentirse nunca de nada.

Hasta la fecha, asociábamos el acto de arrepentimiento a los seres humanos e incluso algunos amantes de los animales afirman que los perros, por ejemplo, también externalizan su pesar cuando saben que han metido la pata. Lo que nunca se nos pasaría por la cabeza es que una hormiga, una termita o una gallina pueda sentirlo. Lo cierto es que no lo sabemos, pero sí que han comprobado que las ratas sí son conscientes.

Investigadores del Departamento de Neurociencia de la Universidad de Minnesota, en Estados Unidos, han podido comprobar cómo las ratas también se equivocan y reconocen su error. La clave está en una parte del cerebro denominada corteza orbitofrontal. Es en ella donde aparecen los indicadores de que el arrepentimiento ha sido activado.

Para su demostración, los investigadores desarrollaron una prueba específica: colocaron una serie de opciones de comida, algunas más apetecibles que otras, y dieron un tiempo limitado en cada uno de los “restaurantes”. En primera instancia, la mayoría de roedores acudían a los mejores menús, lo que demuestra que tienen preferencias culinarias. Sin embargo, las ansias de comer, la poca paciencia ante la “espera” para poder comer o la misma gula hacía que algunas ratas acudieran a otros alimentos menos apetecibles en busca de un bocado mayor y más rápido.

Según los científicos, este grupo de ratas reconocían al error cometido al activarse su corteza orbitofrontal. Todas tuvieron la misma oportunidad de degustar la sabrosa comida, pero aquellas que no podían esperar más, terminaron arrepintiéndose de lo mal hecho.

Un comportamiento que podríamos extrapolar perfectamente a cualquiera de nosotros. ¿Quién no se ha marchado de un restaurante abarrotado de gente por no saber esperar y hemos acudido al “vacío”, que dejaba mucho que desear? Un estudio que intenta conocer más sobre los hábitos de comportamientos en los seres humanos. ¿Será cierto eso de que somos “como borregos”? El debate está servido, y todos estáis invitados.