Las pulgas de Lalibela

    

Hace unos años realicé un viaje por Etiopia, uno de los hitos (bueno realmente todo el viaje era un hito) era la visita a Lalibela y a sus iglesias excavadas en la montaña, un conjunto arqueológico impresionante que constituye el centro de peregrinación más importante para los cristianos etíopes.

Las iglesias fueron construidas por un rey llamado Lalibela, quien después de realizar una visita a Jerusalén hizo la promesa de construir 11 iglesias como “nunca había visto la humanidad”. Fundó una ciudad llamada Roha y en los 20 años de su reinado construyó las 11 iglesias.

Lo curioso de las iglesias de Lalibela es su identificación con Jerusalén, el riachuelo que atraviesa las Iglesias se llama Yordanos (Jordán). Hay una cruz monolítica sobre el Yordanos que marca el punto de comienzo de la peregrinación a las iglesias, estas están divididas en dos grupos Beta Denaghel  y Beta Gólgota, todas ellas unidas por un intrincado sistema de túneles y pasadizos con grutas, criptas y galerías. En cada uno de estos rincones y oquedades te encuentras con monjes, ascetas y devotos leyendo en mística y silenciosa comunión los textos sagrados.

Pero  si hay algo por lo que es reconocida Lalibela entre toda la comunidad mundial de viajeros es por sus pulgas. Sí, el interior de las iglesias es un inmenso reservorio de estos insectos saltarines. Así que todas las guías de viaje están plagadas de consejos para evitar las picaduras de pulgas. Nosotros, que somos muy obedientes para estos temas, tomamos buena nota y aplicamos rigurosamente todos los consejos:

  1. Minimizar las zonas de exposición a las picaduras: nada de mangas cortas, bermudas o faldas.
  2. Calzado cerrado, mejor botas y en todo caso un par de calcetines gordos en cada pie.
  3. Para evitar que se cuelen por la pernera de los pantalones el segundo calcetín hay que ponerlo por encima del pantalón y fijarlo fuertemente con gomas, cinta adhesiva o precinto de embalaje.
  4. Además de aplicar repelente de insectos en piernas y brazos, darse un buena rociada de insecticida en la ropa de cintura para abajo,

Así que de aquesta guisa nos dispusimos a visitar las famosas iglesias de Lalibela. Os podeis imaginar la cara que puso nuesto guía Fele, un etíope educado en Cuba, cuando nos vio aparecer en el desayuno así disfrazados y con un pestazo a insecticida que tiraba para atrás. Vamos que solo nos faltaba habernos puesto un traje de protección biológica de esos que salen en las películas de desastres víricos.

Por si todo aquello no era suficiente, también nos llevamos en la mochila el bote de insecticida y cada vez que entrabamos en una iglesia íbamos soltando “fufus” con disimulo. ¡Para algo tiene que valer que yo trabaje en control de plagas!

No sé muy bien si fue por todas las medidas preventivas que adoptamos o porque realmente las guías exageraban un montón pero  salimos indemnes de nuestros dos días intensos de visitas a Lalibela.