Las plagas de nuestros mayores

    

En el porche veo un grupo de hormigas que se abalanzan sobre una avispa muerta intentando conseguir sustento. Avispa que tenía su celda en el avispero que veo asomar por entre las tejas. Avispero que sobrevive del poco polen que queda en las maltratadas plantas del jardín. Plantas que están machacadas posiblemente por la actividad de las ratas que viven en las madrigueras que estoy viendo.  Ratas que se juegan la vida cada noche en una lucha inútil contra un ejército de gatos. Gatos que viven en el interior del chalet. Chalet al que voy a entrar con mi mejor traje…

Los que vean esa serie que para algunos freaks como yo es motivo de culto, Los Simpsons, sabrán que hay cierto personaje al que llaman “la loca de los gatos” pues bien, me temo que yo estuve el otro día en su casa.

Desde el porche antes mencionado ya lo olía… y no… no era ningún aroma de la gama Microfresh. No sabía cómo hacerlo para no entrar e intentar valorar el problema de termitas por el que se reclamaban mis servicios, pero en fin, al final uno es un profesional, y llueva, truene, esté a 40ºC, en la montaña, en la playa, o rodeado de gatos que me miran, maúllan, se pelean, corren, saltan, me vuelven a mirar… Dios no puedo seguir necesito salir de aquí…

Vale, vale Pablo calma… tranquilo, tú eres más grande que un gato, sí pero no puedo luchar contra 40 de ellos…. STOP. Respiro, me giro, sonrío a la señora, una amabilísisisisima mujer inglesa, con todos los años, que no para de ofrecerme: té, café, refrescos, agua, un gato o dos, en fin, que le sonrío y le digo en mi inglés (que por cierto, he estado yendo al McDonals y ahora lo hablo con una potencia…) señora, ¿puede enseñarme el problema de termitas? Y comienzo a seguirla esquivando ñordas de gato, comida, ¿eso qué es? Vómito de gato, me dice la mujer, y hago un esfuerzo por no salir corriendo.

No os podéis imaginar lo bien que se siente uno cuando sale de un lugar así, estuve a punto de restregarme las hojas del pino que tenía delante por la cara, si no llega a ser por la procesionaria, que esa es otra. He de decir que esta historia terminó con un tratamiento de termitas en la casa y que por cierto al técnico le toca ir esta semana, jajajajajajajaja!

Esta historia me hace recordar otras muchas, y pienso en las personas mayores. Está el hombre mayor que te llama porque tiene un problema de Blatella germanica en su casa que da miedo, pero que piensa que todo el mundo quiere engañarle, y cuando le dices por ejemplo: 200 € más I.V.A. él te dice: 100 € instantáneamente y sin dejarte terminar de decir el I.V.A. y ahí comienza una caótica y a veces absurda lucha de poder, donde te intenta demostrar que no le hace falta el tratamiento, que lo hace por hacerte un favor.

Luego está la mujer a la que le haces un tratamiento con gel insecticida en casa y va detrás de ti con una lupa mirando si de verdad estás poniendo gel (gracias Sergio por contármelo, es buenísima). Esta mujer se caracteriza porque en caso de que se te olvide algo, y entiendan que es normal que al técnico se le olvide poner gel en una habitación, ante tanta presión está deseando salir de allí corriendo; si se te olvida es capaz de perseguirte dos manzanas hasta que te localice en el siguiente cliente para decirte: vuelve a mi casa, ¡te has dejado una habitación sin hacer! Lo peor de esto es que te mira con el ceño fruncido, y el ceño fruncido de una mujer mayor…

También nos encontramos a la mujer que te cuenta su vida, y yo soy de los que escucha, porque si algo me gusta es escuchar a nuestros mayores, para mí merecen todo el respeto ya que han vivido cosas que no podemos ni siquiera imaginar. Este tipo de señoras te empiezan contando dónde tienen el problema de cucarachas y acaban diciéndote que desde que murió su marido hace 10 años está muy sola, porque sus hijos viven en Madrid, porque se peleó con su hermana cuando murió su madre, porque está muy sola, está preparando una sopita y te ofrece, no la visita nadie nunca, hay días que le da miedo salir a la calle porque el mundo está loco ¿sabes? Con tanta gente hablando sola por la calle con aparatos en la oreja, porque está muy sola, porque tenía a su gato pero lo atropelló un coche, porque está muy sola… Que te dan ganas de abrazarla y decirle: ¡SEÑORA PÓNGAME UN PLATO DE SOPA QUE ME QUEDO ESTA TARDE CON USTED!

También me he encontrado al abuelo que da miedo. Este hombre cuando tocas al timbre de la casa contesta rápido, como si estuviera ya escuchando por el telefonillo (para los residentes en Murcia fonopuerta). Cuando te abren la puerta de su casa te sonríen de una forma extraña, te dan paso, y asoman la cabeza por la escalera antes de cerrar, y te cierran con llave y se la guardan en el bolsillo. En ese instante es cuando sueles empezar a sudar pensando en la de rato que vas a tirarte en aquella casa aguantando una mirada escrutadora a cada palabra que tu garganta va emitiendo.

Hay muchos más tipos pero yo me quedo con el clásico matrimonio. Estas personas llevan aguantándose el doble de años que yo tengo, y con ellos es imposible terminar ninguna frase. Al entrar la mujer te ofrece un refresco, vino, agua, comida, lo que sea que pueda ofrecerte, tú lo rechazas con amabilidad, pero cada dos minutos vuelve a insistir, y el marido le empieza a gritar cosas del palo: que dejes ya al chaval, que no quiere nada. Pero pronto la cosa irá a peor cuando estés hablando y la pobre mujer intente hacer un comentario, casi siempre acertado, sobre los insectos que estás viendo. Es entonces cuando el marido comienza a chillarle que se calle, que deje hablar al experto, que ella no tiene ni idea, etc… tú intentas explicar que ella lleva razón pero ya es tarde. No van a escuchar nada más, una te dirá que siempre la trata así pero que en el fondo es un pedazo de pan, y el otro que si ella es una pesada y lleva siéndolo los últimos 40 años.

En fin, miles de anécdotas de las personas que más respeto en este mundo, los mayores, a veces cascarrabias, a veces divertidos, pero siempre amables. Para mí, la visita más difícil es en los centros para la tercera edad, ya sean residencias o centros de día, pero no por los insectos que pueda haber, porque somos los mejores y podemos con todo, lo más difícil para mí es avanzar un metro, porque soy de los que cuando una persona mayor me habla le contesto, y siempre acabo rodeado de diez abuelos que quieren contarle al “nuevo” todas las cosas de las que los enfermeros ya están cansados…