La vida al otro lado

    

Dentro de una caja de zapatos me has tirado a la basura y repaso toda mi vida mientras encuentro sepultura…

Aún recuerdo como si fuera ayer el día de mi nacimiento, rodeado de hermanos, minúsculas ninfas de Periplaneta americana que intentan sobrevivir en un mundo donde todo es gigantesco. De la ooteca salimos 17 cucarachas con vida y cinco pequeñas no lo consiguieron, dos estaban muertas ylas otras tres fueron atacadas por otras. Fueron nuestro primer desayuno.

Mi primer cambio corporal cuando me hice un poco más grande, mi llegada a la arqueta donde viví durante cuatro meses, mi primera juerga y mi primera inspección en territorio humano. Todo va pasando por mi mente mientras el colocón del insecticida me sube un poco más.

Recuerdo que cuando encontré la arqueta antes mencionada tenía cuatro meses, ya era un adulto y ese lugar me maravilló. La sensación al entrar era una mezcla de emociones, primero la oscuridad hacia que te rodearas de una sensación de miedo, después comenzabas a notar la presencia de otras cucarachas y te sentías mejor pero pronto las peleas, los gritos y el resto de individuos corriendo por las paredes de la arqueta te ponían alerta. Allí no podías relajarte ni un minuto, tenías que concentrarte y tener todos tus sentidos alerta porque sentías que te podían atacar en cualquier momento.

Pero pronto mi gracia y mis ganas de agradar a todo el mundo me abrieron muchas puertas y jamás nadie se metió conmigo, además en pocos días con esa cantidad de comida crecí hasta alcanzar el tamaño máximo que mi cuerpo me permitía, que era bastante mayor al de muchas de las demás cucarachas. Con lo que nadie tampoco se atrevía a meterse conmigo.

También tengo en mente aquella noche que hizo que los demás me empezaran a llamar “Alarota”. Unos cuantos nos movimos por el sistema de alcantarillado hasta llegar a las arquetas del puerto. En la superficie los humanos salían de marcha, se emborrachaban, se drogaban, se peleaban… y nosotros allí abajo hacíamos lo mismo. Todos los restos humanos que terminaban en el sistema de alcantarillado los aprovechábamos para montarnos nuestras fiestas…

La noche se estaba alargando y a eso de las 08:00 AM iba a salir de allí en dirección a mi grieta en la alcantarilla cuando un técnico aplicador de Rentokil abrió la trapa. Todos comenzamos a correr mientras el despiadado humano comenzó a pulverizar insecticida contra nosotros, y la única vía posible de escape parecía el exterior. Justo cuando salí noté con mis antenas la presión de aire que ejerce un pie de talla 42 cayendo a 10 metros por segundo contra mi cuerpo. Por lo general no me hubiera costado mucho escapar pero entre el alcohol de la juerga nocturna y el insecticida no supe reaccionar correctamente y al final una de mis alas se quedó atrapada bajo la bota del humano. Finalmente noté como parte de mi ala se desprendía de mi cuerpo. Al final pude escapar haciéndome el muerto durante unos segundos aprovechando un descuido del humano.

Las carreras delante de un macho humano que corre tras de mí con una zapatilla de estar por casa o un periódico enrollado para darme caza. Los gritos de esa joven humana que me descubre en su cuarto de baño mientras me cuelo por el hueco del falso techo y vuelvo a salir por la bajante en dirección al alcantarillado. O aquella vez que unos cuantos decidimos colocarnos con el gel insecticida que un técnico de Rentokil había puesto en un bar para matar a nuestras compañeras las Blattellas germanicas.

Si me esfuerzo puedo ver como si estuviera allí mismo como algunas cucarachas salían por las noches y usaban su capacidad de volar. Yo nunca lo conseguí antes del accidente y después ya no pude, pero muchos de mis compañeros ya lo hacían y seguirán haciéndolo por las calles, aprovechando el calor y la oscuridad de la noche veraniega.

Y repaso también el error que me lleva a recordar todo esto, confiar en un humano. Hace algunas noches subí por una tubería hasta un séptimo de un edificio en la playa, encontré una grieta y me colé por los muros del edificio, accedí por el hueco entre la pared y la tubería del desagüe de un lavabo y me encontré en un cuarto de baño. A los pocos segundos un humano medio dormido entró abriendo la puerta para orinar, yo aproveché su estado somnoliento para salir de allí y accedí a la única estancia de la casa que no tenía luz.

Aquel lugar era un paraíso, debajo de la cama podías encontrar de todo, no lo habían limpiado desde hacía siglos, de hecho me estuve comiendo un trozo de pizza que había tirado al lado de la papelera y bebiendo de una lata de refresco.

A las cinco de la mañana se encendió la luz, yo me encontraba descansando encima de la puerta y un humano ebrio entró cerrando de golpe la puerta. Yo salté hacia el interior de la habitación. El humano intentó  pisarme pero su estado de embriaguez se lo impedía. Me escondí debajo de la cama y le escuché decir: vale tía, a ver yo trabajo matando a tus compis, pero aquí tienes mierda para vivir dos meses, mientras no te encuentre encima de mí mañana cuando me despierte te puedes quedar.

Y así he vivido allí la última semana con él, me enteré de que trabaja en Rentokil así que intenté no pasar nunca cerca de él y así parecía que no le importaba que estuviera por allí pero hoy estaba yo detrás del armario y he oído como él decía: no hagas ruido encima tía, y ha cogido un insecticida, me ha hecho salir de detrás del armario y me ha capturado.

Y así estoy terminando mis días dentro de una caja de zapatos, mi cuerpo empieza a fallarme por el exceso de insecticida, pero he tenido una buena vida durante dos años y he tenido cientos de descendientes que seguirán extendiéndose por el alcantarillado e intentando vivir con los asustadizos humanos.

Incomprensibles humanos a los cuales su raciocinio les traiciona y pierden su instinto animal, se asuntan al vernos, corren y gritan, cuando nosotros somos los que deberíamos de correr ya que somos mil veces más pequeños. Nos molestan en nuestras grietas en las alcantarillas, nos persiguen cuando salimos, nos engañan con alimentos envenenados y desde luego, no cumplen con su palabra.

Comentarios
  1. Anthrenus verbasci
  2. Pablo Jaén
  3. Jacinto

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