La peor de las plagas…la inexistente

    

Hace unos años un comercial de nuestra División de Control de Plagas  vino solicitándonos consejo ya que una mujer había llamado para solicitar asesoramiento acerca de unos bichos que habían entrado en su casa y  los cuales no conseguía eliminar. El comercial había acudido a la casa de la mujer, una señora en torno a los 55 años que vivía sola en un coqueto piso de la zona sur de Madrid, el comercial pese a realizar una minuciosa inspección no había detectado nada y así se lo indicó a la mujer pero ella seguía llamando insistentemente asegurando que el problema no solo persistía si no que se había recrudecido.

Ante esto, un compañero del Departamento de Calidad acudió a la casa para realizar una nueva y meticulosa inspección que se prolongó durante más de una hora y media, aleccionado por la propietaria quien no dejaba de relatarle episodios rocambolescos de actividad de ratones (ratones que abrían las puertas de armarios ubicados a metro y medio de altura, que dejaban marcas en puertas a más de un metro del suelo, que entraban en habitaciones por ventanas cerradas y sin holguras,…), obviamente aquella visita se saldó como la primera, indicando a la mujer que no había plaga alguna en su casa y que lo que ella consideraba señales de la actividad de roedores eran pequeños desperfectos (en el mejor de los casos) en los cuales no había reparado con anterioridad.

Eficaz, pero insuficiente…, días después la mujer siguió llamando más nerviosa y alterada que en las ocasiones anteriores y rogándonos que volviésemos para comprobar lo que ahora sí eran pruebas irrefutables de la actividad de roedores. Prevenidos ya del problema de fondo al que nos enfrentábamos acudimos mi compañero, yo mismo y solicitamos la colaboración del Ayto. de Madrid para que una entidad externa pudiese ofrecerle una opinión alternativa. Dos días más tarde allí desembarcamos los 3, expertos veteranos en lidiar situaciones complejas, el tema parecía claro …., ¡ilusos! solo necesitamos 10 minutos de inspección y 2 horas de conversación con la señora a la cual intentamos convencer por todos los medios de que los “desperfectos” que observaba no tenían  ninguna relación con esas u otras plagas. Ni qué decir tiene que el resultado fue un rotundo fracaso, no solo no la convencimos, si no que se enfadó sobremanera al considerar que no creíamos su versión de los hechos y entender que considerábamos que podían ser imaginaciones suyas.

Esta situación descrita no es algo anecdótico, sin llegar a ser frecuente, ocurre con cierta periodicidad, normalmente las personas que sufren este tipo de autosugestión suelen ser mujeres de más de 50 años y no hay un patrón común, a veces viven solas, otras con familia, a veces han sufrido alguna situación personal (fallecimiento de un pariente cercano, pérdida de trabajo o jubilación, …) que altera sus patrones normales de vida, pero en otras ocasiones no hay aparentes cambios en su actividad social. Sea cual fuera el origen del problema los síntomas son más o menos constantes:

  • Creencia firme de la presencia de insectos u otros animales pese a las evidencias u opiniones técnicas que se les muestren. A menudo, la creencia va acompañada de erosiones, sarpullidos, picor en diversas partes del cuerpo que son sistemáticamente relacionadas con la presencia de insectos.
  • Búsqueda sistemática de opiniones alternativas, ya sea en su entorno, otros profesionales del sector de control de plagas, etc que concuerden con sus puntos de vista y que reafirmen su propia opinión.
  • Empleo masivo por parte de la persona de biocidas domésticos de forma desproporcionada e inadecuada que puede incluso dar lugar a episodios de intoxicación aguda.

No hay una solución fácil a este problema ya que en realidad muchas veces estamos ante situaciones que requerirían de asistencia médica especializada, la cual obviamente nosotros no podemos proporcionar e incluso, si con la mejor de las voluntades llegamos a insinuarles la conveniencia de acudir a un especialista para que valore el problema desde otro prisma, es muy probable que salgamos escaldados ya que la reacción normalmente es furibunda.

En resumen, la única opción técnica y éticamente razonable es la de explicar los hechos con sencillez, paciencia y si me apuran ternura, pero siendo absolutamente firmes en las valoraciones técnicas efectuadas, admitir la posible existencia o la realización de tratamientos “placebo” no conseguirán más que reafirmar a la persona en sus autosugestiones y consolidar sus puntos de vista frente a futuras nuevas situaciones que se producirán con total seguridad.

Comentarios
  1. Gema
  2. Jacinto
  3. Ana Carmen Aguirre

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