La no siempre sencilla tarea de identificar insectos | Desinfestados

La no siempre sencilla tarea de identificar insectos

    

En esta ocasión, el artículo que me decido a escribir tratará sobre una de las tareas que nuestro Dpto. viene desarrollando desde hace mucho tiempo en Rentokil y que creemos es fundamental para el buen desarrollo de los tratamientos contra las plagas.

Es muy habitual que nuestros clientes nos envíen muestras de insectos aparecidos en sus instalaciones para que los identifiquemos. También el Dpto. Comercial y el de Servicios nos remiten de manera frecuente muestras de insectos no muy corrientes para que les orientemos a enfocar los tratamientos.

Es por ello que por nuestras mesas de trabajo y bajo nuestras lentes de aumentos han pasado numerosas muestras de insectos (y también de otros muchos materiales) con objeto de identificarlos de la manera más exacta posible y así enfocar el tratamiento adecuadamente o en ocasiones simplemente para dilucidar la responsabilidad de una contaminación.

A lo largo de estos años hemos identificado cientos de muestras de todo tipo. Unas veces con un grado de certeza absoluto y otras veces no tanto. En ocasiones ni siquiera hemos podido dar una aproximación, ya sea por que la muestra no ha llegado en buenas condiciones o simplemente por que el parecido entre unas y otras (sobre todo cuando se trata de fases larvales) requiere los conocimientos de un auténtico experto entomólogo. Y aunque el Dpto. lo conformamos personas con conocimientos biológicos, a veces es muy difícil dar con todas las respuestas. Incluso discutimos entre nosotros sobre si una muestra se corresponde con tal o cual larva de polilla o sobre si una pequeña mosca es de una especie u otra. A esto se suma una dificultad añadida con la que en ocasiones nos encontramos, y es que la identificación ha de hacerse en base a una fotografía, a veces de no muy buena calidad o sin ningún tipo de referencia de tamaño ni datos sobre el ambiente en que fue localizada.

Lo cierto es que ya sea por nosotros mismos, o remitiendo las muestras a entomólogos de distintas universidades u organismos del país, tratamos de dar con la especie exacta, pues ante todo ponemos por delante dar un buen servicio a nuestros Clientes.

La identificación puede durar sólo unos segundos debido a que la muestra nos resulte familiar o en ocasiones obligarnos durante horas a buscar bibliografía, bucear por la red, revisar fotografías, etc., hasta dar con la respuesta final. En este aspecto la experiencia es un grado, y haber observado tantos cientos de muestras nos facilita enormemente la labor.

Normalmente la tarea no acaba con la identificación propiamente dicha, sino que se debe hacer un informe, dar las explicaciones pertinentes relativas a su ciclo biológico o la causa por las que han aparecido, proponer un método de control (trampas de feromonas, insecticidas, limpiezas intensivas, eliminación de materias primas), etc. Como ya hemos comentado, en ocasiones este tipo de informes sirven para dilucidar responsabilidades sobre si la contaminación de un material o producto se produjo en origen, durante el transporte, el almacenaje o en cliente final basándose en la biología de los insectos identificados.

Si llegados a este punto todavía alguien piensa que no es tan importante identificar la especie exacta con la que debemos lidiar, contaré una anécdota sucedida hace unos años y que se resolvió gracias a una identificación precisa:

Un señor que vivía en una ciudad japonesa se encontró una hormiga en su bote de líquido para lentillas y decidió demandar a la empresa japonesa que se lo vendió.  A su vez esta empresa trasladó esa responsabilidad a la empresa fabricante del producto (que casualmente estaba radicada en España y que exportaba sus productos a medio mundo). Nos remitieron una fotografía de la muestra para identificarla a la par que un entomólogo independiente en Japón investigaba por su lado. Entre unos y otros finalmente se determinó que la hormiga fotografiada se correspondía con una especie endémica de Japón (y además muy específica de una zona del país concreta) y que por tanto la responsabilidad no podía corresponder a la empresa fabricante en España. Se demostró que la contaminación se había producido en Japón y por tanto la empresa española quedó libre de sospecha y por supuesto fuera de la demanda.