La carcoma Gorg | Desinfestados

La carcoma Gorg

    

Stegobium paniceum | DesinfestadosMe presentaré: soy una carcoma del pan (Stegobium paniceum) y me llamo Gorg y esta es mi corta historia.

Soy el nº 19 de los 40 hermanos que tengo. Mi madre pasó toda una semana para tenernos. Cuando salí de mi huevo me quedó grabado como mi primer recuerdo, la vista de un intenso color azul que  más tarde descubrí que era la tonalidad en la que estaba pintado nuestro hogar. Este estaba situado en el pie de una estantería de un almacén de harinas en una grieta y por suerte estaba lleno de alimento. Nuestro hogar era agradable y aunque tenía muy poca luz nos ofrecía en aquel momento todo lo que podíamos necesitar.

En aquel tiempo yo era muy diferente de cómo soy ahora. Era una larva muy blanca, rechoncha con cuatro patas ¡y con pelos! También recuerdo mi extraña forma curvada y que tuve que pasar por cuatro estirones para poder crecer. Que días aquellos, todo el día sin salir de casa comiendo ya que el alimento no nos faltaba y la gana que tenía era voraz. Ahora sé que si no hubiera habido alimento aun podríamos haber estado unas semanas sin comer, como les había pasado paso a otros, pero por suerte no fue el caso.

Mis primeros días los pasé allí. Mi vida se reducía a alimentarme y pasear por aquel reducido espacio. Mis progenitores me explicaron que no eran originarios del lugar y que habían llegado allí después de realizar un largo viaje por carretera. Por lo que entendí, vivían cómodamente en un palet de harina que habían apartado y dejado olvidado en un almacén. Aquellos fueron buenos tiempos para ellos, ya que no les faltaba el alimento y el lugar era caliente y espacioso. Aún recordaban óomo en la zona  donde vivían había muchas familias  más.

Nuestra vida es corta, de apenas 40 días y debemos aprovecharla me comentaba mi progenitor. A todos nos gusta ver mundo y viajar a otros lugares donde podamos iniciar de nuevo otras colonias. Tenemos alma de viajeros. Nuestra vida siempre se ha sustentado en este hecho. Siempre nos desplazamos de un lugar a otro buscando lugares cómodos donde vivir y alimentarnos. Ahora creo que esto nos viene dado por las prolíferas familias que podemos formar.

Y al fin llego el día y tal y como nos habían explicado tantas veces nuestros progenitores, llego el momento del gran sueño, aquel que nos llevaría a volar lejos de aquí. Nos enseñaron a construirnos nuestra cápsula de transformación a la que llamaban pupa, en la cual viviríamos el sueño profundo de la metamorfosis, y nos dijeron que al despertar seríamos otros y al fin podríamos volar. Trabajamos con avidez y cada uno de nosotros se hizo su pupa con los restos de alimentos que encontramos. Y un día se apagó la luz y el sueño profundo empezó.

Al despertar, pasada más o menos una semana, salí de la pupa y no me reconocía. Era de un marrón rojizo, ¡y con pelos cortos y amarillos! Miré a mí alrededor, aún había alimento, pero ya no tenía aquellas ganas irrefrenables de comer y  no le hice caso.

Tenía prisa, tantas cosas por hacer y tan poco tiempo, apenas un mes y todo se habría acabado para mí.

Y por fin pude volar. Aún no se cómo pasó, hacía calor y de pronto volé. Fue sin querer, algo instintivo. Había muchos más como yo, y durante el vuelo, y para mi sorpresa, vi a otras compañeras,  y eran más grandes que nosotros. Y encontré muchas más y al final comprendí que era una buena oportunidad para encontrar compañera. ¡Habiendo más hembras que machos siempre es más fácil! Y me puse a la tarea y dos días más tarde ya había encontrado compañera y sin más pérdida de tiempo, iniciamos de nuevo el ciclo de la vida.

Sabía que me quedaba poco tiempo y lo que tenía claro es que intentaría ver el máximo mundo posible, y volé, volé hacia la luz.

Francesc C.

La imagen que ilustra este artículo ha sido publicada bajo Licencia Creative Commons y pertenece a JR Guillaumin.

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