Juan, la mosca y el pincho de tortilla | Desinfestados

Juan, la mosca y el pincho de tortilla

    

pincho de tortillaJuan es un tipo sencillo, de costumbres fijas. Desde que empezó a trabajar en esa sucursal bancaria, y de eso hace más de 15 años, todas las mañanas a las 11 en punto se levanta de su puesto de trabajo y encamina sus pasos al bar La Esquinita, que como su propio nombre indica se encuentra en la esquina de la calle de La Suerte con Buena Vista.

Su desayuno, invariablemente siempre es el mismo, pincho de tortilla, clara y un cortado, todo ello aderezado con un rápido repaso a la prensa deportiva del día

Este año el verano se había adelantado y Paco, el dueño de la Esquinita, se resistía a encender el aire acondicionado y mantenía las puertas a las dos calles abiertas; esto dejaba pasar una agradable corriente de aire fresco y de paso a unas cuantas moscas. Como os podéis imaginar, La Esquinita es el típico bar de barrio al que le han pasado los años con muy poco mantenimiento. Barra de acero con 2 grifos de cerveza y otro de vermú “casero”,  cuatro taburetes altos con los asientos de eskay  desgastados y cinco vetustas mesas de formica, testigos de interminables tardes de mus y dominó de los parroquianos de La Esquinita. En las paredes unos cuantos banderines del Sporting , una colección de fotos descoloridas de distintas alineaciones y un cuadro (por llamarlo de alguna forma) de grandes dimensiones y escasa proporción y técnica del monasterio de Covadonga. Evidentemente Paco es asturiano. Por si todavía quedaba  alguna duda, detrás de la barra y junto a la lista de precios de las raciones y bocadillos, un cartel de fondo azul y cruz asturiana proclama a quien lo quiera leer “Especialidad en Autentica Fabada Asturiana”. Justo debajo de él se abre el office que da a una pequeña cocina, dominio de Reme, la mujer de Paco,  cuyas manos, sapiencia y buenas materias primas elaboran con mimo la fabada de referencia y unas espectaculares tortillas de patata con cebolla, tortillas que le han hecho ganar a La Esquinita el reconocimiento de todo el barrio y una clientela absolutamente rendida a su sabor, textura y punto de elaboración.

Lo único que le incomoda realmente a Juan es la presencia de dos tragaperras chillonas y un aparato de esos que se cargan a las moscas con una descarga eléctrica y un sonido de chisporroteo desagradable cada vez que alguna mosca hace saltar el arco voltaico, lo que Juan no sabe (y probablemente Paco tampoco) es que estos aparatos están desaconsejados ya que la descarga, no sólo mata a la mosca, si no que la fragmenta en cientos de partículas que se expanden a su alrededor, cayendo inexorablemente en el interior del cubata que el tio/a que está jugando a la tragaperras tiene depositado encima de la maquinita. (¿Os imagináis lo que ocurre cuando el dichoso aparato está colocado encima de la zona de preparación de alimentos o al lado del mostrador con las raciones? pues eso, que fragmentos de alas, patas, abdomen y demás partes de la mosca muerta se mezclan en un todo indisoluble con la comida.

Aquella mañana con las puertas abiertas y las moscas paseándose a sus anchas, el aparatito estaba a pleno rendimiento, en uno de los chisporroteos Juan se giró instintivamente hacia el sonido y en ese  momento ocurrieron simultáneamente tres cosas: Juan fijó su mirada en una morena espectacular que se paró justo delante de la puerta buscando algo en su bolso, Reme depositó la generosa ración diaria de tortilla recién hecha y, finalmente,  una mosca decidió aprovechar el despiste de Juan para probar que tal estaba hoy la afamada tortilla de La Esquinita.

Imagino que muchos de vosotros no sabréis cómo se alimentan las moscas, así que cumpliendo con la labor divulgativa de este blog, os lo explico en un par de líneas: Las moscas no pueden tomar alimento sólido, tiene que estar en un estado semilíquido. Para poder preparar el alimento para su adecuada ingesta,  lo que hacen es regurgitar unas sustancias  ácidas directamente desde su tracto digestivo que facilitan que la trompa de la mosca pueda absorber los nutrientes del alimento, sustancias,  dicho sea de paso,  que están convenientemente aliñadas con todo tipo de bacterias, entre ellas una buena variedad de salmonellas. La cantidad de gérmenes y bacterias que transporte en sus patas será directamente proporcional al lugar en donde se haya depositado con anterioridad y ya de paso como estos bichos son muy apañados, al tiempo que comen también sueltan unas cuantas cagarrutas.

El embeleso de Juan con la morenaza no duró más allá de tres segundos y al tiempo que volvía su mirada hacia el pincho,  un rápido manotazo espantó a la mosca. Demasiado tarde, nuestra amiguita alada ya había comprobado la calidad de la tortilla de Reme. Ahora era el turno de Juan, el cual,  se tomó su tiempo, la paladeó con placer  y ceremonia, degustando con devoto deleite ese conjunto de sabores que un tal Adriá se empeñó en deconstruir a mayor gloria de la cocina española.

Depositó en el mostrador los 3.50€ del desayuno y  volvió a maldecir su suerte con la Primitiva al tiempo que se despedía de Paco y Reme hasta el día siguiente. “Reme, hoy te has superado”, se le oyó decir al salir por la puerta.

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