Higiene ambiental | Desinfestados

Higiene ambiental

    

153149432Esta es la historia de un bar feo y mal hecho,

muy estrecho

con manchas de humedades en el techo…

Así empieza esta canción, pero como la poca vergüenza que me queda me impide continuar y no quiero que ningún rapero se enfade, voy a continuar esta narración en mi prosa insulsa y casi dietética.

Como os decía, la historia trata de un bar feo, pequeño y sin gracia, pero con mucha grasa en el suelo, tanta que no se distingue las losas blancas de las negras (puestos a imaginar, pensemos en algo sin stylo).

Si alzo la vista del suelo veo una barra con taburetes, donde no hay nadie sentado, de hecho, los únicos clientes fieles son las cucarachas que se alimentan de los restos que nunca se recogen de los huecos de las cámaras y máquinas de la barra… ¿y a qué huele? Dios, si pasa por aquí un CSI se vuelve loco buscando el cadáver.

Y ahora imaginad que he entrado porque es media mañana y me estoy orinando desde que hice la comunión, y bueno, no encontraba nada mejor donde entrar y pedir un café para sutilmente preguntar: ¿Dónde está el aseo? Y sí, al fondo a la derecha.

Abro una puerta y el terror se apodera de mí y de mi mala suerte, por no decir qué familiar del dueño se me ha venido a la cabeza. Veo un aseo minúsculo, lleno de mugre, hay trozos de papel por el suelo, manchas de orín, y con un aroma a rancio. Y aunque me da miedo, levanto la tapa del W.C. y descubro un mundo de colores y olores en su interior, ¡lo del anuncio del pato y los gérmenes es verdad!

Pero como algunos sabrán, cuando ya estás ahí y eres hombre no hay marcha atrás… suerte que no soy mujer, en este váter no me sentaba ni loco. Una vez me he deshecho de los líquidos sobrantes de mi cuerpo, miro al lavabo, ¿dónde está el jabón?, supongo que será esa botella de agua enganchada con un hilo a la pared (si esto es Spain, utiliza lo que sea pero que no te engañe una multinacional) que encima está vacía. En fin, abro el grifo y del difusor del mismo sale un chorrito de agua directo a mi camisa…

Ya con un mosqueo considerable intento secarme las manos pero no hay toallas de papel en el dispensador, por llamar de alguna manera a ese trozo de metal oxidado que hay en la pared, en fin, aunque se me hacen sabañones voy a utilizar el secador. Enciendo un aparato que en su inicio fue blanco y ahora tiene un toque crema-chamuscado por la parte de abajo que se va difuminando hacia la parte de arriba, y noto el mismo aire que me ofrece mi boca soplando. Adiós a la idea de secarme la camisa.

Voy caminando hacia la barra, intentando hacer que mis papilas gustativas se preparen para el que puede ser nominado a peor café del mundo, me río yo del tío ese de Colombia. Le doy el primer sorbo sentado en la barra y mi mirada va pasando por ella, y cuento una, dos, tres cucarachas, dejemos el tema… me doy cuenta de la cantidad de mosca drosophila que hay en la pared. Y ¡sorpresa! Veo un ratoncillo que sale corriendo y se mete en el almacén.

Ok, ya tengo suficiente, dígame qué le debo, pago y salgo de allí pensando que nunca jamás volveré a entrar.

Y ahora vamos a imaginarnos el mismo bar feo, pequeño y sin gracia pero que ha contratado a Rentokil Initial para que mantenga un correcto control de la Higiene Ambiental.

Tras cruzar la puerta detecto un refrescante aroma a naranja dulce y madreselva que me hace entrar y pensar lo limpio que está todo.

Después doy mi primer paso y noto como mis zapatos pisan algo agradable, y sorpresa, descubro una alfombra anti-suciedad con el logotipo del bar en el suelo, que por cierto está muy limpio, gracias a la alfombra y a la fregona del dueño. Las losas siguen siendo blancas y negras, se distinguen unas de otras, y le da un toque retro al local que me mola…

En la barra hay unos cuantos clientes degustando sus almuerzos, así que sin ningún tipo de reparo le digo al dueño que me ponga un café y que me indique el camino a los excusados.

Al fondo a la derecha descubro una puerta con un gracioso muñeco de un niño echando un chorrete a un W.C., así que pienso que he llegado al mío y abro la puerta. Entonces un toque mediterráneo llega a mi nariz, ¿qué es eso que huelo? mmmm… debe ser el equipo bacteriostático colocado en el W.C. que además de higienizarlo está dejando un agradable aroma. Llevo mis zapatos nuevos y no me apetece apuntar, así que voy a sentarme. Cojo un trozo de papel higiénico y le echo el líquido que pulveriza el TSC (Toilet Seat Cleaner) o en español el limpiador del asiento del wáter, y lo paso por la taza para que no quede ningún tipo de bacteria, germen, microorganismo u otro agente maligno-dañino-malote que me pueda perjudicar.

Una vez hechas mis necesidades me dispongo a lavarme las manos, veo un dispensador de jabón que me proporciona en una pulsación la cantidad justa para lavarme, abro el grifo, ¡vaya!, ha salido un chorrito que me moja la camisa… termino de lavarme, cojo una toallita de papel de un dispensador y enciendo un secador de manos que me termina de secar las mismas y deja mi camisa como nueva en tan solo 15 segundos… esto es eficacia.

Salgo del aseo y me dirijo hacia la barra, me siento, comienza mi ritual de abrir azúcar, echar azúcar, remover café, dejar enfriar café, coger papel del azúcar, hacer un barquito con él, sí ya sabéis, un TOC (Transtorno Obsesivo Compulsivo) que me lo ha dicho una amiga psicóloga, jejeje.

A todo esto me fijo debajo de la cafetera, y veo un detector de cucarachas limpio, miro en la parte baja de la barra y todo está libre de suciedad y de animales indeseados. Levanto la vista y además de ver un techo recién pintado y sin humedades, veo que en la pared hay un insectocaptor Luminos III, así que esa es la razón de que no haya ni un bichito volador en el bar. Mi mirada se cruza con la del dueño que me sonríe, y aparto la vista para fijarme en un almacén que, por lo poco que veo, parece bien organizado, y además hay portacebos de roedores Radar para captura de ratones sin necesidad de usar raticidas y sin peligro de que el ratón se quede por ahí moribundo.

Termino mi café, me acuerdo que tengo que enviar un correo urgente, así que me pongo a escribir en mi móvil, y me tiro media hora debatiendo con un cliente vía correo electrónico. Y a todo esto me entra hambre, le pido un bocadillo al dueño, que me lo sirve con amabilidad, termino de almorzar y pienso lo mucho que me ha gustado este bar…

Creo que a partir de ahora siempre que esté por aquí almorzaré en él.

Esa es la diferencia, y estas estamos amigos, intentando crear un mundo más limpio, más higiénico, más saludable, con menos químicos, menos daños al medio ambiente y sobre todo, con mayores posibilidades para nuestros clientes de tener más negocio, más clientes y gracias a ello más dinero.

Trabajar en Higiene Ambiental con Rentokil no es gastar dinero, es realizar una inversión para crear un entorno agradable y saludable que ofrecer a sus clientes para que consuman más, a sus trabajadores para que trabajen en un entorno mejor y sean más productivos y a ustedes para que tengan menores preocupaciones por plagas o enfermedades asociadas a la higiene.

Y ya puestos, si tuviera que terminar esta canción, añadiría algo así como:

Esto es higiene ambiental y para concluir

te digo que muchos por realizar este avance nos criticarán

a veces las cosas son difíciles de asumir

pero si la vida es perra nosotros somos como César Millán.

Comentarios
  1. Belén
  2. Pablo Jaén

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