Espías corrosivos entre el patrimonio español | Desinfestados

Espías corrosivos entre el patrimonio español

    

Cuando una pareja de cada especie animal del mundo luchaba por sobrevivir al diluvio universal embarcados en el arca capitaneada por Noé, según nos contaban en el colegio, una paloma se acercó a la rudimentaria embarcación portando en su pico una rama de olivo. Parecía que las lluvias amainarían y la evolución podría seguir su curso. Una acción que catapultó al ave a la fama de por vida. Desde entonces, la paloma se concibe como símbolo de vida.  Ahora bien, no es oro todo lo que reluce. Volvamos a la actualidad y seamos sinceros, más que símbolo de paz y mensajera de buenas noticias, las palomas nos dan muchos disgustos.

Si no, que le pregunten a los indios, quienes detuvieron por espionaje a una paloma que venía de Pakistán. Encerrada con un veterinario que la analizaba, sin poder ver ni ser vista por nadie y con un mensaje que nunca se encontró -ni ella pió-. Pero más cerca, ya en Europa y, más concretamente, en la Península, las palomas provocan otro tipo de problemas, no tan peliculeros y excitantes, pero más realistas. No se trata de la superpoblación de esta especie en las ciudades, ocupando parques y plazas, sino del daño que acaban causando en nuestro patrimonio más emblemático. El colectivo de Ciudades Patrimonio de la Humanidad ya les ha declarado la guerra. La captura de 35.000 ejemplares ha sido solo un aviso.

Anidan en las fachadas de los edificios y corroen la piedra caliza y el metal con sus excrementos, compuestos por sulfatos, sulfitos y nitratos, acido úrico y fosfórico. Sustancias químicas altamente corrosivas que deterioran irreversiblemente las superficies donde se acumulan. No obstante, este blog demuestra en cada entrada que “hay gente pa’ to’” y aquí tenemos otra muestra de ello. El diseñador flamenco Tuur Van Balen y el biólogo británico James Chappell hallaron una bacteria que transformaba el metabolismo de las palomas haciéndoles defecar jabón. Podría ser una solución, palomas que con sus desechos orgánicos eliminaran la grasa y la suciedad. Un remedio que, por descabellado que parezca, puede resultar hasta viable después de las declaraciones de un funcionario cordobés.

Como el chiste, el belga dijo jabón, el inglés lo apoyó y llegó el español y propuso cocinar a las palomas urbanas. Ni corto ni perezoso, en la ciudad califal, un iluminado pensó convertir a la plaga en recurso, dándole salida a las proteínas del animal desde un punto de vista alimenticio. Su idea provocó tal revuelo que hasta las palomas se pusieron en su contra pidiendo su suspensión. Ya se sabe, al igual que Mou, aquí nos atrevemos a decir lo que todo el mundo piensa –o, al menos, eso creemos-. Porque, quién no ha contemplado la posibilidad de cambiar en Navidad el pavo por paloma (nótese la ironía).

Lo cierto es que las palomas pueden convertirse en una plaga muy molesta que, visto lo visto, a pesar de todas las alternativas que se vislumbran, solo hay una solución eficaz, real y factible, y Rentokil la sabe. Los expertos especializados en el control de plagas que forman el equipo de Rentokil cuentan con varias sistemas antipalomas, que ayudan a ahuyentar para siempre a estas aves, divertidas para los niños pero problemáticas para los adultos. Y es que si vinieran a traernos solo mensajes de paz y amor entre su pico otro gallo cantaría.