Entre el peligro de extinción y la plaga: el delicado equilibrio del conejo | Desinfestados

Entre el peligro de extinción y la plaga: el delicado equilibrio del conejo

    

“Si al hablar no has de agradar, te será mejor callar”, pronunció dubitativo Tambor tras la reprimenda de su madre al conocer al mítico Bambi. Y es que, ese sincero conejo ya apuntaba maneras rebeldes desde pequeño. No es de extrañar que despertara la simpatía de todos por los de su especie, presente en muchas cartas a los Reyes Magos desde que diera el salto a la gran pantalla. Pero, no solo por peludo, suave, cariñoso y entrañable son populares los conejos, pues son seres muy especiales.

Y es que, por curioso que pueda parecer y envidias que pueda despertar, estos animales son capaces de mirar detrás de él sin tener que girar la cabeza. Buenos espías, saltarines cuando están contentos, enemigos del jaleo y amantes de esos momentos del día en los que el Sol se intuye, además con una gran capacidad reproductiva y de adaptación al medio. Al conejo nunca le importó emigrar, no tiene problemas de adaptación y en cualquier lugar al que es destinado encuentra su hábitat. Si no, que le pregunten a los australianos, quienes dividen con una enorme valla la parte del país que fue arrasada por los conejos y la que aún conserva el equilibrio ecológico de Australia.

Por ello, junto con la disposición de sus hembras durante todos los meses del año para reproducirse y la voracidad y predilección por los brotes tiernos, convierte a los conejos en foco del control de las autoridades. Su delicado equilibrado convierte al conejo en una especie con increíbles variaciones en la densidad de sus poblaciones, pasando, según la época y el lugar, de ser protagonista de planes de reintroducción de la especie al descaste. En Valencia, por ejemplo, suponen en la actualidad un peligro para las cosechas de viñas, frutas y hortalizas, mientras que en otro momento, la población de conejos fue víctima de epidemias que pusieron en riesgo, no solo la permanencia de su especie, sino también la de sus depredadores, como el águila imperial o el lince, en plena lucha por sobrevivir y no desaparecer.

Con todo esto, tanto por el daño que pueden provocar los conejos a las cosechas, como por el riesgo que supone su desaparición, o superpoblación, pudiendo alterar irreversiblemente nuestro ecosistema, esta especie forma parte de los planes de gestión de la fauna, más allá del control de plagas, que Rentokil lleva a cabo bajo condiciones estrictamente reguladas, con un equipo formado de forma específica en el más alto nivel e involucrado en la protección de la fauna nacional.