El salto de la pulga, la rana lo desea

    

Saltar casi dos metros por segundo, poder hacerlo hasta quinientas veces cada minuto y ser capaz de repetirlo sin parar de tres a cuatro días es una hazaña propia de un ser extraordinario. Y no, no se trata del veloz jamaicano Bolt, tampoco del recordista mundial en piscina Phelps, ni tan siquiera Baumgartner, aquel que de un salto logró romper la barrera del sonido varios segundos en su caída libre de 36 km y regresar a tierra sano y salvo. No. Ningún humano, hasta ahora, ha sido capaz de semejante proeza, pero hay un insecto de no más de dos milímetros de tamaño que sí. La pulga, ese diminuto díptero sin alas capacitado para saltar 130 veces su longitud.

El salto de la pulga, traducido a hombres y mujeres, equivaldría a dar un bote que sobrepasara la Torre Eiffel. Da vértigo solo de imaginarlo. Aunque, de ser posible, ¿qué mecanismo se utilizaría para de un salto tener unas vistas privilegiadas de París? Tras más de cuatro décadas de debate y controversia entre científicos e investigadores, en Cambridge se halló la respuesta. La contestación, eso sí, a por qué y cómo las pulgas eran tan hábiles y saltarinas como muelles, lo de ascender la torre parisina de un bote ya se verá.

Que si la agilidad y velocidad de las pulgas se debían a una proteína, que si el truco estaba en sus rodillas. Idas y venidas durante cuarenta años por carecer de una cámara que grabara a rápida velocidad. Finalmente, la tecnología llegó y con ella la luz a todas las dudas. Y es que resulta que la pulga, siempre hambrienta y deseosa de hombres, perros y gatos, cuentan con una zona en sus patas, llamada tarso, responsable del gran impulso que son capaces de conseguir para saltar. No es una dieta especial, tampoco un entrenamiento específico; es una cuestión de anatomía. Las pulgas se empujan con los dedos de los pies para botar cual muelle.

Para aquellas mujeres que alguna vez se han preguntado por qué la necesidad de cinco dedos en cada pie al sufrir por calzar preciosos, pero imposibles, zapatos de tacón, aquí tienen la respuesta: los dedos ayudan a saltar. Ahora bien, quizá la pregunta se extienda al sector masculino cuando descubran también el secreto de las pulgas. Pues igual los que deberían carecer de algún que otro dedo serían estos diminutos insectos, de modo que no pudieran desplazarse tan rápidamente de mascota en mascota o de humano en humano causando los problemas que, queriendo o sin querer, provocan.

Y es que anécdotas aparte, las pulgas, saltarinas, veloces y pequeñas, pueden acarrear muchos inconvenientes cuando aparecen en el hogar o en el negocio con familia y amigos. Las hay que prefieren a los animales y otras que sienten debilidad por las personas. En cualquier caso, sus mordeduras son muy molestas y hay que prevenirlas, ya que pueden llegar a transmitir enfermedades. Por ello, Rentokil, especialistas en la eliminación y control de plagas, recomiendan contar con el asesoramiento y los servicios de su personal especializado antes estos problemas. Y es que, poder tener espectaculares vistas panorámicas de un salto debe ser muy agradable, pero no lo es tanto cuando de un salto, o de un par, un mismo insecto alcanza con su picadura a mascotas y personas.

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