El jardín del anóbido | Desinfestados

El jardín del anóbido

    

El jardín del anóbido“- Y tú, ¿qué es lo que vas a querer ser de mayor?

-¿Yo? Vivir en un pequeño pueblo, en mitad del campo, en una casa grande y con jardín”

Vale, puede parecer un poco repelente si lo escuchamos como respuesta de niños ante la inquisidora pregunta con la que todos nos han atormentado. Pero, pensémoslo serenamente. Más allá de ser médico, policía, astronauta o controlador de plagas, los que vivimos inmersos en la maraña de una gran urbe tarde o temprano se nos puede pasar por la cabeza.

Sí, es cierto que habría que añadir algún que otro matiz ya que, como dice el dicho, para gustos, los colores. Y quizás a la casa de campo algunos añadan una piscina, un gran garaje donde “trastear”, una ciudad grande relativamente cerca para suplir esas carencias consumistas que podamos tener, etc. O, incluso, que no terminemos renunciando a nuestro apego por la ciudad. Pero la casa con jardín la queremos.

Y, además, queremos un jardín que sea grande, bonito y florido como los que aparecen en las portadas de las revistas de decoración que terminan guardadas en un cajón. Y, en el jardín, más allá de la vegetación y el césped no deben faltar los elementos ornamentales de madera que armonicen el conjunto: pérgolas, balaustres de madera, vallas o cobertizos de jardín para guardar las herramientas de jardinería.

Elementos que, en la mayoría de los casos y gracias a su precio más económico respecto a otras maderas más duras, están fabricados con maderas blandas sin corteza, como puede ser la del pino.

Este tipo de madera, por su composición, no solo está expuesta al ataque de termitas o carcomas, sino que es el alimento preferido del ernobius mollis, conocido comúnmente como anóbido de la corteza del pino (un pequeño xilófago de no más de 6 mm y color rojo-castaño) con un aspecto similar al del escarabajo común.

Aunque no provocan daños estructurales, se aprovechan de las grietas de este tipo de maderas para colocar sus huevos que, tras dos o tres semanas se convierten en larvas y salen al exterior en primavera y verano convirtiéndose en un incómodo vecino que puede culminar en plaga.

Si piensa que ese es su caso y quiere controlar la presencia de este xilófago no lo dude, solicite una visita gratuita de nuestros técnicos.

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