El fantasma | Desinfestados

El fantasma

    

Hoy quiero compartir con vosotros una anécdota que me recordó mi hermana al leer el último artículo que escribí. Yo no me acordaba, quizá es porque casi mojo los pantalones en aquella ocasión y eso da un poquillo de vergüenza.

Era el año 2005, yo no llevaba mucho como técnico de control de plagas, y en esa ocasión, Verónica Ramos, que era la comercial de mi zona, y que más tarde sería mi jefa y la persona que mejor me enseñaría como es el mundo del comercia, vendió un trabajo especial a la Sociedad Estatal de Correos y Telégrafos. En este caso se trataba de ir a hacer un tratamiento contra cucarachas en el edificio mítico que esta agencia tiene en Alicante. Sitúo a la gente de fuera, es un edificio cuya fachada principal da a la plaza de Gabriel Miró, la imagen, entre los árboles centenarios de la plaza y la fachada del edificio es preciosa. Es un edificio que merece la pena ver, y yo, que he tenido el privilegio de verlo por dentro antes y después de la reforma puedo asegurar que es impresionante.

Bueno, vamos al lío, el tema es que quedé con un tipo que tenía las llaves del edificio. Por entonces el edificio estaba completamente vacío y medio en ruinas. Eran como las nueve de la mañana y veo que llega el chaval con las llaves, me mira y me dice que adelante. Pasamos al interior y me comenta donde está todo, no hay corriente eléctrica, y termina llevándome a un sótano donde hasta a mí con mi metro setenta me costaba estar totalmente de pie. Para más inri el suelo era de tierra, nunca desde la guerra civil, se habían planteado poner un suelo como dios manda, y en muchas zonas las paredes directamente estaban excavadas en la piedra. Allí es donde me dice que él se va…

  • ¿Te vas?
  • Pero, ¿y yo me quedo aquí solo?
  • Bueno pues cuando acabe te llamo.

Imagináos el mal rollo, os explico: el tema es que pretendía ir de abajo a arriba subiendo pisos, y eso conllevaba empezar por el sótano de la muerte, y los lectores agudos se acordarán que hace unas líneas he dicho que no había corriente eléctrica, con lo que tenía que ir aguantando la máquina de presión previa y la linterna con una mano mientras con la otra pulverizaba.

Bueno pues nada Pablo, ponte a currar, lleno de agua la previa, le añado el insecticida para hacer la mezcla explosiva y me decido a bajar al sótano. Y mi mente comienza a juguetear, empiezo a pensar en edificios encantados, fantasmas y rollos por el estilo. Así que entre el calor veraniego y el canguelillo por pensar en esas cosas me pongo a sudar “like a pig”. Empiezo, como cuando era niño, a canturrear por dentro de la mascarilla para aliviar el miedo a la situación oscura en la que me encontraba. La canción elegida para la ocasión era un clásico de los Mojinos Escozios “Las Burbujitas”.

  • Queremos ser, queremos ser, burbujitas del anuncio de frixeneeet…

A los pocos segundos de comenzar desde la parte más alejada de la entrada al sótano se me cae la linterna al suelo, y cuando me agacho a por ella oigo una voz como de ultratumba que dice:

  • BOBO BE BABABAAAS

Me incorporo como un muelle, me quedo quieto, aprieto el culo, cierro los ojos y concentro toda mi atención a los oídos. Pero a los pocos segundos vuelvo a oir:

  • BOBO BE BABABAS

Esta vez lo oigo más claro, es como una voz de hombre, alguien o algo ha dicho alguna cosa que no alcanzo a entender. Poco a poco comienzo a abrir los ojos y empiezo lo más sigilosamente que puedo a caminar entre los escombros, vamos lo sigiloso era un ruido de dos pares, con la previa golpeando en la pared a cada paso y conmigo yendo hacia la salida lo más rápido posible.

  • BOBO BE BABABAAAAAS

Ahora si que sí, ya comienzo a correr por ahí dentro, cuando de repente los pasillos del sótano se comienzan a transformar en un laberinto, y de pronto casi al borde del llanto veo la salida.

  • CONO TE BAMABAAAAS

AAAAAAAAAAAAAAAH! Pero que está pasando! Y corriendo tan rápido como mis piernas de ex-intento de futbolista me daban, llego a las escaleras de subida. Y en ese momento es cuando casi me estampo contra el mismo chaval que me había abierto las puertas de esa casa del terror y me dice:

  • ¿Cómo te llamabas?

Yo le miro con los ojos inyectados en sangre, el chaval me mira asustado, y es que la imagen de un tipo con mascarilla, con la camisa empapada en terrorífico sudor que le mira amenazante no tubo que ser muy agradable. Y con la voz de Ned Flanders cantando le digo:

  • Joder qué susto me has dado.
  • ¿Qué pensabas que era un fantasma o qué?
  • No sé pero que sepas que casi te arreo con los 10 kilos de la previa en la cabeza.

Al final el chaval se marchó, yo temblando como un pollito mojao terminé de pulverizar en el sótano y unas 6 previas más tarde con el resto del edificio. Para cuando terminé iba más guarro que un cigarro en la billetera y con esa sensación de medio infarto que se te queda después de un susto de tal magnitud.

Y no es que crea en los fantasmas pero eso demuestra lo sugestionable que es la mente. Ese día aprendí muchas cosas, por ejemplo, que para ese tipo de trabajos hay que llevar siempre una linterna frontal, que cuando estas en un sótano de un edificio con muros de piedra el eco es acojonante, que cuesta un egg correr con la previa llena en la mano sin reventarte la rodilla, que los segundos se pueden transformar en horas  y que por muy racional que seas puedes correr como el más cobarde si crees que te está persiguiendo un ente invisible.

Pero la lección más importante que aprendí es que los miedos pueden ser irracionales, por eso cuando voy a visitar a algún cliente con un problema y me comentan que tienen miedo o mucho asco a los bichos les respeto y jamás hago ni una broma al respecto, ya que considero que tener miedo a algo puede ser un fastidio y si estamos hablando de un bicho al que estamos viendo y no de un ente imaginario puede ser una sensación aún peor que lo que yo pasé durante esos breves segundos que duró mi carrera por esos pasillos tenebrosos.

Ahora el edificio es espectacular, merece la pena si estás en Alicante echar el correo en esa oficina y quedarte después tomándote una horchata sentando en un  banco del parque, mientras  admiras la fachada. Pero creerme que ese día lo que quería era salir de allí lo antes posible, alejarme tanto como pudiera y correr a mi casa en protección de mi mamá…

Comentarios
  1. Belén
  2. Pablo Jaén
  3. MAMEN
  4. Alicia H.
  5. Pablo Jaén

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