El día de la… ¿ardilla? | Desinfestados

El día de la… ¿ardilla?

    

Ardilla | DesinfestadosUna de esas veces –tantas que forman ya parte de la rutina- en las que mientras tomas café justo antes de comenzar el trabajo, hoy me ha vuelto a ocurrir: tendemos a quedarnos obnubilados con cualquier cosa. No sé vosotros, pero a mi pasa prácticamente a diario. No sé si será cuestión del sueño que nos persigue durante gran parte de la mañana o qué, pero hasta que no nos viene la chispa que nos “despierta” y alerta de la hora que es, nos podemos quedar pensando en cualquier cosa.

El caso es que hoy me ha vuelto a ocurrir y, mientras miraba la avenida llena con el trajín del ir y venir de personas mayores, enchaquetados, niños y madrugadores en general, recordé aquél día, varios meses atrás cuando, mirando precisamente por la ventana a una hora bastante similar, la vi.

No recuerdo bien qué fue lo que me hizo llamar la atención. Si fueron sus pequeñas orejas o el castaño de su pelo. Pero llamó la atención porque era una mañana más tranquila de lo habitual, en unos jardines que había detrás de donde vivía, porque era el único ser que se movía en aquella calma. “¡Otoño!”, me dije, “¡una ardilla!” Pero no. No era una ardilla. Salí de la ensoñación mañanera y mi inteligencia (bastante ajustada tan temprano) me hizo comprender que no estaba en mitad de uno de esos bellos paisajes que venden como póster de muestra junto a los marcos de cuadros. Era, efectivamente, una rata.

Una pequeña y rellena rata común que, con su cola en “C” pululaba entre las hierbas y la tierra de aquella zona peatonal. Por suerte no había nadie y, aunque para muchos sea motivo de repugnancia, no me resultó demasiado chocante (otra cosa sería si me la encontrase dentro de la vivienda). El caso es que su hocico chato, el pelaje castaño y pequeñas orejas que, junto a la cola, resaltaban por lo claro de su color, resultaban incluso cómicos mientras merodeaba el lugar. Algunos segundos después, tras comer restos de comida que las palomas no habían visto, corrió hacia su destino: el bajante de agua de lluvias del edificio de enfrente. Y desapareció.

A raíz de este recuerdo consulté la Guía de Plagas de Rentokil en busca de información. Y, aparte de coincidir, en su aspecto, descubrí algunos de sus hábitos que me hicieron comprender el por qué aquél ser se encontraba por allí. Y es que, aunque vivan en la tierra y escarban, las alcantarillas y canalones son sus principales hogares pero tampoco tienen ningún problema escalando paredes. ¿Y por qué allí? Porque los vecinos diariamente le tiraban pan y restos de comida para pájaros a las palomas.

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